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lunes, 25 de julio de 2016

El origen de la vida por Francisco Gil Craviotto

El libro que tengo en las manos y que me permito recomendar al lector, si aún existiese la Inquisición, le habría costado a su autor morir abrasado en la hoguera. Anote el lector su título porque merece la pena: “El origen de la vida en la Tierra”. Su autor es Juan Antonio Aguilera Mochón, profesor de Bioquímica y Biología molecular de la Universidad de Granada. La verdad es que, cuando uno ve estos nombres y adjetivos tan científicos, “Bioquímica” y “Biología molecular”, siente impulsos de salir corriendo. No se espante el lector: el libro está pensado para los que nada o casi nada sabemos del mundo de la ciencia. Prueba de ello es que lo venden en los quioscos en donde la clientela no es necesariamente erudita.

El libro parte de una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez: ¿De dónde venimos? La pregunta tiene una respuesta enormemente complicada, tan complicada que ocupa las casi doscientas páginas de la obra que comentamos. Por fortuna, aunque aún quedan importantes incertidumbres, la ciencia se encuentra hoy en condiciones de poder responder a esta pregunta, cosa que no siempre ha ocurrido. Cuando la ciencia todavía andaba en pañales fueron las religiones las que respondieron a esta pregunta. Cada una lo hizo a su manera, sin más argumentación que la fe o el capricho del milagrero de turno. Frente a tan peregrina explicación la ciencia trata de responder con argumentos basados en la razón, avalados por experimentos de laboratorio y el testimonio milenario de los fósiles.

En la actualidad –nos dice Juan Antonio Aguilera al comienzo del libro- el interés por nuestros orígenes en sentido amplio se concentra en unos pocos “momentos” especialmente fascinantes: la aparición de la especie humana y de la vida, pero también la de la Tierra y del propio universo. Tras la gran cuestión de “¿por qué hay algo en lugar de nada?”, el comienzo de la vida tal vez constituya la dificultad más transcendente y enigmática de nuestra historia.

A esa gran cuestión, transcendente y enigmática, nos responde el presente libro; pero, antes de hablarnos del origen de la vida, nuestro autor nos explica cómo eran el planeta Tierra y el Universo de entonces. Es evidente que, para que llegase la vida y pudiese prosperar, tuvieron que darse unas condiciones de habitabilidad que la hiciesen posible. En esa descripción del mundo primitivo el libro nos ofrece páginas inolvidables, especialmente deslumbrantes para los profanos en temas científicos. ¿Sabía el lector, por ejemplo, que en aquel entonces la Luna aparecía mucho más grande que la vemos ahora?

La razón es obvia: la Luna y la Tierra estaban mucho más cerca que lo están ahora. ¿Sabía el lector que, consecuencia de esa cercanía, las mareas eran descomunales y la actividad de los volcanes no cesaba? En los tiempos más primitivos la vida era imposible porque no se daban las condiciones indispensables para ello, pero después el Universo se fue serenando y en la Tierra fueron apareciendo los líquidos y gases indispensables para la vida: agua, CO2, hidrógeno, amoníaco... Un científico norteamericano, Stanley Lloyd Miller, logró recrear en laboratorio en 1952 el ambiente de aquel mundo anterior a la vida y los resultados fueron asombrosamente positivos. Pero, además del aire que envolvía a nuestro planeta y el agua que regaba sus montes y llanuras, había también las inesperadas “visitas” de meteoros que venían de los espacios siderales y, con gran estrépito y destrucción, caían en la Tierra. Es posible que, viajando en alguno de esos meteoritos, llegase la vida de una humilde bacteria, pero también pudo surgir por generación espontánea en las aguas de una charca o el mar. Lo cierto es que sobre aquella convulsa y primitiva Tierra un día comenzó a palpitar la vida. Seres insignificantes y humildísimos, que fabricaban sus componentes a partir de moléculas inorgánicas, pero con un extraordinario don: eran capaces de evolucionar. Ahí estaba el secreto de su éxito posterior, pero hasta que en el siglo XIX llegó Charles Darwin nadie supo dar con él. Desde ese primer palpitar de vida hasta la llegada del “Luca” debieron pasar varios millones de años. (“Luca” viene de las iniciales en inglés de “último antepasado común universal”; significa que todos los seres vivos de la Tierra somos descendientes de ese mismo “Luca”.) Desde el “Luca” a la actualidad se calcula que han podido transcurrir 3.500 millones de años. Entonces todo iba mucho más despacio que ahora.

No sabemos mucho de nuestro lejanísimo tatarabuelo el “Luca”. Ni siquiera han logrado ponerse de acuerdo los científicos en su retrato. Unos científicos aseguran que tenía unos 600 genes y otros los reducen a bastantes menos o los aumentan a muchos más. Pero en un punto sí están todos de acuerdo: el “Luca” tenía la facultad de reproducirse y esa reproducción era evolutiva. Cuando Darwin expuso los pilares de su teoría produjo un escándalo universal y fue objeto de toda clase de chistes y sarcasmos. Ahora hasta los científicos más reacios y conservadores lo aceptan: todos procedemos de seres humildísimos que, a través del tiempo y la selección durante millones y millones de años, han ido evolucionando. El libro termina con una pequeña bibliografía, indispensable para todo el que quiera profundizar en el origen de la vida, y un índice temático, que nos permite encontrar con rapidez la página que nos interese.

Mi comentario sobre esta interesantísima obra quedaría incompleto si no incluyera dos notas negativas que me parece importante destacar. La primera concierne al nombre del autor, que no aparece en la portada ni en el lomo del libro. Hay que ir a la contraportada para encontrarlo. Después de toda una vida siempre rodeado de libros, creo que es la primera vez que contemplo tal novedad literaria. No le encuentro explicación. Acaso un capricho o antojo de la editorial. La segunda nota negativa concierne a las ilustraciones del libro: todas, absolutamente todas, vienen en blanco y negro. Un blanco y negro que, en la mayoría de los casos, deriva a un ajado gris, que aún se hace más insoportable cuando el fondo de la página también va teñido de gris. Si bien algunas de estas ilustraciones nada hubiesen ganado con el color, hay otras en las que parece evidente que el color les hubiese dado un mayor encanto y modernidad. La tacañería y voracidad comercial de la editorial RBA lo ha impedido. Una tacañería y voracidad que brillan desde la primera hasta la última página de este libro.

viernes, 15 de julio de 2016

II CERTAMEN DE GASTRONOMÍA ALPUJARREÑA

BALANCE ECONÓMICO


CERTAMEN CELEBRADO EN YÁTOR, EL DÍA 25 DE JUNIO DE 2016


BALANCE ECONÓMICO

II CERTAMEN DE GASTRONOMÍA ALPUJARREÑA
CELEBRADO EN YÁTOR, EL DÍA 25 DE JUNIO DE 2016



INGRESOS …........................…........................................ 1.872,89
Aportación del Exmo. Ayuntamiento de Cádiar … … … 300
Aportación de Academia Salvador … … … … … …   ...    50
Aportación de La Casa de La Alpujarra … … … …        167,09
Aportación Bodegas Cuatro Vientos por 5 est de vino  102,85
Compra a Bodegas Cuatro Vientos por 5 est de vino    102,85
Aportación APAG por doce tarros de miel … … … …      79,20  
Compra APAG por doce tarros de miel … … … … …       79,20
Aportación Venta del Chaleco por dos quesos … … …     60
Compra a Venta del Chaleco por dos quesos … … … ..  . 60
Aportación de un jamón de Jamones Múñoz … … … …    60
Compra de un jamón a Jamones Múñoz … … … …  ...      60
Aportación de un jamón de Jamones Juviles … … …   ...   60
Compra de un jamón a Jamones Juviles … … … … ...   ... 60
Aportación de un jamón de Jamones Vallejo … … … …   59
Compra de un jamón a Jamones Vallejo … … … …          59
Carlería del Certamen … … … … … … … …  ...   ...   ...  447,70
300 Botellines de 33 cl de agua de Lánjarón (0,22 €) … 66
6 Cajas de fresas de Frutos Rojos Alpujarra … … … … Sin valorar



GASTOS ….......................…................................................. 1.872,89
1. Pagado Bodegas Cuatro Vientos, según factura … … …     102,85
1. Compras según F-1, para el empedrao … … … … …  ...   ...  44,44
1. Papeleria, F-2 y F-3, fotocopias y papel para diplomas …    14,60
1. Pagado a APAG por doce tarros de miel … … … … ...   ...    79,20
1. Pagado a Venta del Chaleco por dos quesos … … … ...   ...   60
1. Pagado a José A. Gómez por un jamones (Múñoz) … …        60
1. Pagado a José A. Gómez por un jamones (Juviles) … …    .   60
2. Pagado a Jamones Vallejo por un jamón … … … … … ...   .  59
2. Imprenta, logo Cuatro Vientos … … … … … … …   ...   ...      8
2. Copia cartel para concejal de Yátor … … … … … …           29
Gastos en premios según relación adjunta … … … … …       434,08
Casa Alpujarra para post  eventos, según relación adjunta. 432,22
Cartelería del Certamen, pag directamente la Mancomunid 447,7
190 Botellines de agua consumidos por el publico en Yátor  41,8
6 Cajas de fresas de Frutos Rojos Alpujarra, consumidas en Yátor. Sin valorar







INVENTARIO DE DONACIONES Y COMPRAS ANTES DE PREMIOS … 908,10 EUROS

6 Jamones (2 de Vallejo, 2 de Múñoz, 2 de Juviles) 238 euros (4 a 60 y 2 a 59)
10 Estuches de vino de Bodegas Cuatro Vientos 205,70 euros (a 20,57 caja)
24 Tarros de miel de APAG 158,40 euros (a 6,6 tarro)
8 Trozos de queso de Venta del Chaleco 120 euros
4 Botes de Mermelado de Venta del Chaleco Sin valorar
300 Botellines de 33 cl de agua de Lánjarón 66 euros
6 Cajas de fresas Sin valorar


EXPLICACIÓN DE COMO DE HA REPARTIDO EL INVENTARIO DE … 908,10 EUROS

PREMIOS …. … … … … … … … 434,08
4 Jamones 239
4 Estuches de vino 82,28
8 Tarros de Miel 52,8
4 Trozos de queso 60
4 Tarros de mermelada Sin valorar

CONSUMIDO EN EL CERTAMEN POR EL PÚBLICO ASISTENTE
6 Cajas de fresas
190 Botellines de agua de Lanjarón ... … … 41,8

INVENTARIO TRAS LOS PREMIOS … … 432,22
La Junta Directiva, en próxima reunión decidirá qué hacer con estos productos.
2 Jamones 119 Los guarda Pepe Alvarez
6 Estuches de vino 123,42 ¨
16 Tarros de miel 105,6 ¨
4 Trozos de queso 60 ¨
110 Botellines de agua 24,2 Los guarda Andrés Linares


EL RESULTADO DEL CERTAMEN DE GASTRONOMÍA ES POSITIVO EN 265,13 EUROS
El Tesorero estará encantado de dar explicaciones a todos los socios al corriente de cuotas que lo deseen.

jueves, 14 de julio de 2016

Texto de la presentación del sainete



El Quijote es una constante lucha entre el deseo y la realidad. Fue concebida como una obra breve que, luego, fue evolucionando para convertirse en un libro infinito. Concebido como un libro de humor, así lo expresa Cervantes en el prólogo diciéndole al lector:

“Aquí te entrego dos fanegas de risa”

La escribió de corrido, para ser relatada, no leída, sin ninguna forma; han sido los editores los que ha corregido la ortografía y la gramática.
Lo verdaderamente importante de El Quijote es el fondo, el mensaje, el relato; sobre todo los diálogos entre Don Quijote y Sancho.
La mejor definición del Quijote, al menos la que a mí más me gusta, la leí, en la enciclopedia “Alvarez” de nuestros años de escuela, en unos versos que ignoro de quién son, y que dicen así:

Con extrema habilidad,
un soldado poco a poco,
queriendo pintar a un loco,
retrató a la humanidad.

Como he dicho, Cervantes lo escribió para sí, que es como surgen las grandes obras, cuando el autor se libera de ataduras y, sin traicionar su pensamiento, se deja llevar por el corazón. Más, en el caso del Quijote, donde el autor lo que quiso es disfrutar, enfrentando su deseo, con la cruda realidad de una España que, si bien era la mayor potencia del mundo, el pueblo no participaba de ese bienestar.

La diferencia entre la nobleza y el pueblo es enorme, una diferencia que donde primero se aprecia es en la mesa. Lo vemos, por un lado, con una comida sofisticada, lo mejor de Europa, tanto en las Bodas de Camacho, como en las comidas del duque; como lo vemos por otro lado en la comida del pueblo, en la que se hace referencia en la mayoría de los capítulos; más aún la improvisada, con lo se pillaba, de los pastores y los arrieros, como se ve el el cap. 11 (como curiosidad os diré que de los 126 cap, del Quijote, solo en cuatro no se habla de comida).

En casa de Alonso Quijano se comía bien. Cervantes nos lo hace saber en las primeras líneas del primer capítulo:

“ Una olla de algo más de vaca que carnero, salpicón la mas noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos”.

Pero Alonso Quijano, metido en asuntos de caballería, pierde el juicio, y se convierte en Don Quijote de La Mancha; sale a los caminos a desfacer entuertos; como caballero, sólo busca el sustento del alma, y Sancho le sigue siempre pensando en el cuerpo.

Es así, cargado de fatigas, sin beneficios y con el estómago vacío, como Sancho sigue a su señor, soñando con los placeres que encontrará cuando sea gobernador.

Y llega el día que se cumple su sueño. Es nombrado gobernador de Barataria.
El sólo quiere comer, pero el poder también tiene sus quebraderos de cabeza.
Lo primero es la ceremonia, una larga ceremonia de toma de posesión; después tiene que demostrar al pueblo su buen juicio y le llevan al juzgado donde ha de resolver una larga serie de conflictos.

Tras todo esto, por fin, lo conducen al salón del gobernador donde hay una mesa repleta de ricos manjares. Todos son para él.

Este es el momento que pretendemos mostrarle a continuación.

Muchas gracias por vuestra atención. Lo hemos hecho con mucho cariño.

Qué se comía en los días del Quijote


La cocina popular del siglo XVII ha sido celosamente transmitida de madres a hijas, y es consecuencia de la influencia de culturas anteriores, como la romana y la árabe. Es una cocina sencilla, sobria y elaborada en la que encontramos grandes similitudes entre La Mancha y La Alpujarra. Como si de El Quijote de la Alpujarra se tratara, apuntaré algunas citas en las que a lo largo de la obra de Cervantes se refieren a la comida.

Encontramos primero la olla podrida, que admite mil ingredientes, siendo por lo tanto poderosas que no podridas. La olla que está presente, en las mesas de los nobles ricos, en los conventos y abadías, y más menguada en casa de los hidalgos empobrecidos, pero exquisito alimento que tiene tres vuelcos: la sopa, las legumbres y verduras y las carnes. En el sainete que representamos en Yátor, Sancho y el médico se refieren a ella con el siguiente diálogo:

- SANCHO: Aquel pedazo de plato que está allí adelante humeando, que me parece que es olla podrida, por la diversidad de cosas que en las tales ollas podridas hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de gusto y de provecho.
- EL MÉDICO: -¡Absit! ¡Aléjese tan mal pensamiento!: no hay cosa en el mundo peor que una olla podrida. Las ollas podridas para los canónigos, o para los retores de colegios, o para las bodas de labradores, y déjennos libres las mesas de los gobernadores, donde ha de asistir toda la habilidad y toda cordula; y la razón es porque siempre y a doquiera y de quienquiera es mejor prevenir que curar; mas lo que yo sé que ha de comer el señor gobernador ahora, para conservar su salud y corroborarla, son unos barquillos y unas sutiles tajadicas de carne de membrillo, que le asienten el estómago y le ayuden a la digestión.

Sancho es un gran aficionado a ella y nos muestra su admiración al respecto en exclamaciones como: "… -Mirad, señor doctor: de aquí adelante no os curéis de darme a comer cosas regaladas ni manjares esquisitos, porque será sacar a mi estómago de sus quicios, el cual está acostumbrado a cabra, a vaca, a tocino, a cecina, a nabos y a cebollas; y, si acaso le dan otros manjares de palacio, los recibe con melindre, y algunas veces con asco. Lo que el maestresala puede hacer es traerme estas que llaman ollas podridas, que mientras más podridas son, mejor huelen, y en ellas puede embaular y encerrar todo lo que él quisiere, como sea de comer, que yo se lo agradeceré y se lo pagaré algún día". (2,49)

Esta olla podrida tenía más vaca que camero. La vaca además de ser más económica era de gran provecho para este plato, tanto por su sabrosa aportación para el caldo de la sopa, como por la posibilidad de combinar su carne con las sobras de garbanzos o legumbres, y de encebollarla aliñándola con aceite y vinagre y servirla en frío en la cena. Se podía servir como el "...salpicón las más noches". (1,1)

Esta olla podrida, nuestro puchero, sigue siendo plato principal de la cocina española, con algunas variantes es plato popular en casi toda España, en La Mancha, se sigue degustando con muchísima frecuencia, aunque con algunas modificaciones que han aligarado su peso y sustancia. En Madrid es el plato más representativo de la gastronomía popular, "el cocidito madrileño", plato obligado en todos los restaurantes.

Sobre los "Duelos y quebrantos", existen opiniones distintas. Para unos, se trata de huevos con torreznos, chorizo y jamón; así lo estiman Rodríguez Marí y Américo Castro. En el Diccionario de la Real Academia de 1803, citado por Rodríguez Marín, se lee que los "Duelos y quebrantos" son tortilla de huevos con sesos. Clemente Cortejen, sostiene que se trata de un guiso de carne.

Eusebio Goicoechea Arrondo, autor de la monumental obra "La Mancha, tierra de D. Quijote", cita que algunos pastores le habían asegurado que los amos solían darles las ovejas que sufrían algún accidente, las que caían de alguna peña quedando "quebrantadas", o bien las que dejaban malheridas las fieras salvajes. De este modo, al final de la semana se solía hacer una comilona con estos animales llamada "duelos y quebrantos": "Duelos" por la oveja herida, y "Quebrantados" por la oveja despeñada. Podría también aludir a esto Cervantes cuando dice que don Quijote tomaba los "duelos y quebrantos" precisamente los sábados. Estos sucesos finalizaba de manera parecida en nuestra Alpujarra.

Otro de los elementos fundamentales en la cocina manchega, como en la alpujarreña, eran los palominos. Muchas eran las casas manchegas que disponían, hasta hace poco, de palomares dedicados a la crianza de estas aves a las que se daba un destino gastronómico. Muestra de esta referencia la encontramos hoy, en la Casa Museo de Dulcinea en El Toboso, donde aun se conserva el viejo edificio del palomar, que puede albergar hasta tres mil ochocientas palomas, y da muestra ello de la opulencia de la casa solariega de labranza que fué cuando Cervantes conoció a sus moradores. Así, también forman parte de la dieta de Don Quijote: "algún palomino de añadidura los domingos"

Los platos llamados "de cuchara", o potajes, han sido fundamentales en nuestras dietas y aún lo son. Son platos ricos en calorías, que se toman en las épocas más frías del año, y así debía ser también en época de Cervantes. Sancho se relame de gusto cuando en el cp. 59-2: "O dos manos de ternera que parecen uñas de vaca, están cocidas con sus garbanzos cebollas y tocinos, y a la hora de ahora están diciendo cómeme, cómeme".

La base de estos platos son productos de la tierra: las legumbres y carnes de cerdo y caza. Estos potajes se elaboran poniendo en crudo a cocer y a fuego lento, las legumbres y las carnes, con ajos y laurel, a mitad de cocción de le añade un sofrito con aceite, pimentón, cebolla, sal y hoja de tomate seco.

Como la familia de Sancho, las gentes no carecían de los alimentos básicos, ya que disponían del terreno para el cultivo de las hortalizas, y de corrales para la cría de gallinas, conejos, huevos, el cerdo, y también la caza. La caza menor, proporcionaba una materia prima fundamental para la cocina de la época que aún hoy día es muy apreciada: la liebre, el conejo los pichones, y la perdiz. A ella, en particular, hace referencia Cervantes y lo oímos nosotros en nuestro sainete en boca de Sancho: "Desa manera, aquel plato de perdices que están allí asadas y, a mi parecer, bien sazonadas...”.

Mención especial merecen en el ámbito de esta gastronomía rural las gachas, citadas en los cp. 17 y 18, 2. Es uno de los platos mas degustados, especialmente en las épocas mas frías del año, y son también un excelente reconstituyente. Se hacen con harina, aceite, ajos, pimentón y agua. Dependiendo de la estación del año, se guisan con setas, hígado de cerdo o alguna engañifa de la época. Se toman de forma particular: se pincha una sopa de pan en la navaja, al igual que se describe en el (50,1) "darle con la punta del cuchillo los lomos de un conejo", pues, hay que señalar, que el tenedor no se ha usado en las mesas de La Mancha hasta fechas recientes, aunque no fuera desconocido el la época quijotesca, pues dice Don Quijote de Sancho: "...en el tiempo que fue gobernador aprendió a comer a lo melindroso: tanto, que comía con tenedor la uvas y aun los granos de granada" . (2,62)

La agricultura proporcionaban uno de los elementos más básicos de la cocina manchega: las habas, navos, cardos, zanahorias, cebollas y los ajos. Quién en su niñez no ha hecho frailecillos con las cortezas de las habas, costumbre que ya evoca, Cervantes en 32 - 1 : "partió cingo girante por la cintura, como si fueran hechos de habas, como los frailecillos que hacen los niños" A las habas se refiere Sancho en el Sainete cuando dice: “...oficio que no da de comer a su dueño, no vale dos habas”; o en uno de los muchos refranes "...en otras casas cuecen habas y en la mía a calderadas" .(2,13) 

Las habas, en La alpujarra lo sabemos bien, son las primeras hortalizas que se recogen en primavera, y son de gran provecho para la cocina. Después viene la temporada de las judías verdes, pimientos, tomates, berenjenas, calabacín, componentes de nuestros famosísimos y variados pistos y fritaillas, a los que también se hace referencia con intencionalidad critica cuando se lee: "miserable y bien nacido que va dando pistos a su honra comiendo mal y a puerta cerrada". (2,44)

 Divertidas son las referencias a los ajos, y diversas sus propiedades , al el sabor que aportan, sus sabidas cualidades curativas y su utilización en la elaboración de conservas.

He contado 65 referencias al pan en El Quijote. Ello deja muy clara su importancia para nuestra alimentación, pues es el elemento básico desde la mañana a la noche y en ocasiones es el elemento de supervivencia. Como acompañamiento básico o para elaborar sopas, o platos fundamentales en la cocina manchega como las "migas pastoriles o ruleras", los picatostes con vino y azúcar para la merienda, o tostadas con aceite en los desayunos.

Como a La Alpujarra,casi todo el pescado que llegaba a la Mancha en época de Cervantes era el arenque o el bacalao en salazón. D. Quijote que es hidalgo pobre come más pescado en salazón, como indica la referencia que hace con tanta añoranza de los arenques: "mas tomara yo un cuartal de pan o una hogaza y dos cabezas de sardinas arenques que cuantas yerbas describe Dioscórides". (1-18)

No puede faltar la leche y sus derivados. Recordaremos a Don Quijote para hablar de los quesos: "Por vida de mi señora Dulcinea del Toboso, que son requesones lo que aquí me has puesto, traidor, bergante y malmirado". (2-17)  Precisamente por tener desde antiguo una tradición pastoril, en la Mancha, la leche, el suero, el requesón, la cuajada, el queso, son alimentos consumidos y utilizados para la elaboración de postres y dulcería. Actualmente el queso puro de oveja de La Mancha es reconocido mundialemente.

Uno de los platos más típicos de La Mancha: la caldereta de cordero. En una sartén con aceite frito se añade la carne bien sazonada con pimienta, laurel y cebolla picada. Después se rehoga con agua y con vino a partes iguales, se deja el guiso largo tiempo hervir, mientras en mortero se llega a batir almendras, ajos, tomate cortado; y todo lo dicho m u y bien machacado, se echa en la carne que está en la sartén y al decir de sabios en esta receta así queda hecha nuestra caldereta.

Como en La alpujarra, entre las fiestas gastronómicas mas arraigadas en La Mancha, hay que citar la matanza del cerdo, que es todo un ritual que se practica en Noviembre. Así en el cap. 62, 2 al decir: "...pero su San Martín se le llegará como a cada puerco". Era, para San Martín, once de noviembre, cuando en La Mancha se mataba el cerdo. Con este motivo, -cómo me suena todo esto-, se reunía familia y amigos en una fiesta que duraba dos días, para colaborar en las labores de despiece del cerdo, el salado de los jamones y las pancetas, la fabricación de longanizas, chorizos, morcillas, etc. Papel fundamental tenían los mayores de la familia, pues eran depositarios de las recetas y especias, base de la fabricación casera de chorizos y morcillas, las costillas adobadas, y el lomo en orza. En muchos casos estas recetas eran secretos familiares que daban a los productos obtenidos en cada matanza un sabor particular. De estos productos viviría la familia gran parte del año.

En cuanto al vino, bravo y mojón, como el nuestro, Cervantes lo menciona hasta 44 veces: "¿es este vino de Ciudad Real? -¡Bravo mojón! -respondió el del Bosque". (2-13) También el vino tiene parte de la composición del bálsamo para remedios populares curativos: "Levántate, Sancho, si puedes, y llama al alcaide de esta fortaleza y procura que se me de un poco de aceite, vino, sal y romero para hacer el salutífero bálsamo". (1-17)

miércoles, 6 de julio de 2016

¿Dónde está la sepultura de Federico? Por Francisco Gil Craviotto

Escribir con calidad, sobre todo en poesía, es un don que Dios, la naturaleza, o quien quiera que sea, deja caer con cuentagotas y muy a su antojo y azar en algunos humanos. Ocurre igual con la capacidad para pintar, esculpir o crear música. García Lorca lo reconoció así cuando dijo de sí mismo: “Soy poeta por la gracia de Dios y de mi esfuerzo”. Es evidente que ambos elementos tienen que ir unidos y complementarse: primero, el don, la gracia; segundo, el esfuerzo y el trabajo. La suma de ambos nos da al poeta, al músico o el artista por excelencia.

Pero hay otra gota de genialidad, ésta mucho más escasa y todavía más divina y difícil de alcanzar, que, aunque muy raramente, a veces también se da en el poeta, al menos en ciertos poetas. Me refiero a la capacidad para predecir o intuir el futuro. No estará mal traer al lector algunos ejemplos. Cuando Antonio Machado escribió estos memorables versos:

            Españolito que vienes
            al mundo, te salve Dios:
            una de las dos Españas 

            ha de helarte el corazón. 

¿sabía que, sin ser profeta, estaba anunciando el trágico destino de casi un millón de españoles? Cuando en Salamanca, ante la flor y la nata del fascismo español, Miguel de Unamuno pronunció aquel histórico grito de “¡Venceréis, pero no convenceréis”, ¿era consciente de que acaba de lanzar una profecía que después se ha cumplido hasta en el último detalle? Cuando Federico García Lorca escribió aquel enigmático poema en el que pregunta: “Vecinitas, ¿dónde está mi sepultura?”, y es el sol y después la luna los que responden, ¿sabía verdaderamente lo que estaba escribiendo? ¿Era consciente de que un día del siglo siguiente al suyo, unos y otros -jueces, políticos, magistrados, críticos literarios, investigadores, etc.-, iban a lanzarse, con ligeras variantes, la misma pregunta que él hace en el poema a las vecinitas?

Se diría, en todos estos casos, que una intuición, imposible de comprender y analizar, llama al poeta y le sugiere al oído los versos que un día serán realidad e historia; que hay un mundo oculto y secretísimo al que nadie tiene acceso y tan sólo el vate logra arañar a sus puertas; que existen unos seres superiores que rozan el misterio de la vida y de la muerte, aunque sin poder intervenir en él.

En el caso de la sepultura de Federico García Lorca, de la que solo sabemos que se encuentra entre los pueblos de Alfacar y Viznar, sin que nadie pueda precisar el punto exacto, ya ha habido dos intentos de dar con ella sin conseguirlo jamás. El que ahora inician nuevos expertos es el tercero y posiblemente va a tener los mismos resultados que los otros tres. Él, como ya hemos dicho, lo había anunciado en estos extraños versos:

            Vecinitas, les dije,
            ¿dónde está mi sepultura?
            En mi cola, dijo el sol.
            En mi garganta, dijo la luna. 


Las respuestas del sol y de la luna no pueden ser más enigmáticas y evasivas; las respuestas de los abridores de la tumba, cuando al fin consigan abrirla, lo serán todavía más.

Mientras tanto, por los mentideros de la ciudad hace ya bastante tiempo que corren las más peregrinas historias sobre este particular. Unos dicen que, poco después del asesinato, los padres del poeta pagaron a los fascistas una considerable cantidad de dinero para que les entregaran el cuerpo y, cuando lo consiguieron, lo enterraron, con miedo y sigilo, en la Huerta de San Vicente, hoy integrada en el parquet García Lorca. Otros aseguran que la entrega de los restos fue mucho después, en tiempos del gobernador Fernández Victorio, y que la familia se los llevó a Málaga. Tampoco falta quien asegura que están en el cementerio de Granada con nombre falso, porque los asesinos no podían permitir que estuviesen con el suyo -hubieran provocado peregrinación de admiradores-, que sólo los padres y hermanos del poeta conocían; en consecuencia, ahora nadie los puede encontrar. En definitiva, la pregunta del poema aún no ha perdido un ápice de actualidad: vecinitas, ¿dónde esta su sepultura? Esta extraña pregunta inevitablemente nos lleva a otra: ¿sabía él, cuando estaba escribiendo aquellos enigmáticos versos, que era el colofón de su propia biografía lo que nos dejaba?