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viernes, 10 de marzo de 2017

LA ALLOZA, BOCATTO DI CARDINALE

Germán Acosta Estévez

 



No. No es un nombre ni un fruto más. La pepita, que diría un castizo capitalino de Rubite, es un fruto muy calioso; más aún, es una seña de identidad de este rincón alpujarreño.
Los que frisamos ya cierta edad, recordamos cómo, por marzo, en los bolsillos de nuestros esmirriados calzones, nunca faltaba un puñado de sal guardado, de forma cuidadosa y secreta, en un trocillo de aquel papel de estraza en el que envolvían los alimentos a nuestras madres en la tienda del pueblo. La mezcla de sal con la almendra verde y tierna era el snack más delicioso y asequible de aquellos tiempos.  
De camino a la escuela, los almendros de Los Sifones, los de La Haza de la Era o aquellos de los alrededores de la Cruz se poblaban, de repente, con un auténtico enjambre de rapaces en busca del preciado tesoro compuesto por un simple puñado de allozas. Después de las horas lectivas, tras imitar un rato a los monos pasándonos de un ailanto a otro (llamado también árbol de los dioses o árbol del cielo) en el patio de la escuela o de jugar a la banda o a borrego y, asegurados de que no había “moros en la costa”, dábamos otro rebezo a la alloza.  Y eso que Antonio “el Encargao” ponía todo su celo en evitar nuestros asaltos: algunos tirones de orejas, alguna amenaza de decírselo a nuestros padres, alguna que otra multa cayó; también alguna capuana, jerpa o mojicón al llegar a casa…Daba igual. Éramos tan cansinos y tan inconscientes que, al día siguiente, volvíamos a insistir en tan placentero delito o simplemente las cogíamos para surtir de munición a nuestro letal tirachinas.
Había auténticos profesionales en dejar pelados los “fardales” de los almendros: los de la Haza Llana eran unos “atélites” en este cometido; los garranchines del Barrio de Allá, avezados especialistas en la materia.
Esas allozas eran el sustento básico del pueblo desde que las viñas se fueron abandonando. Ya a mediados del verano, la niebla agostiza pintaba de otro color los bodoques bordados sobre el mantel de la fronda de los almendros. Era tiempo de aforar: en algunos pagos había un frutazo, en otros tan sólo un pintorreo. Poco después los campos se llenarían de vida: numerosas cuadrillas inundaban las parcelas con los ecos de sus risas, sus bromas y sus chascarrillos. Tan sólo un poco de sosiego cuando el manijero decía de parar un rato para beber agua, “echar una punta” o “jumarse un pírfano”.
-“A dos manos, que con una sola, amargan”-decían los más viejos...Y eran sacos y sacos de hilo de pita o de yute, auténticos talegones que hacían bufar a las bestias de carga al afrontar las empinadas cuestas que salpican los caminos y veredas de Rubite. Terminado el “roal”, había que pregonarlo a grito pelado y “echar los cigarrones” a los que todavía les quedaba faena por los alrededores.
Por otra parte, para las madres que tenían varios miembros en el tajo era un auténtico quebradero de cabeza el articular las comidas: unos se tenían que ir habiaos, a otros dejárselas preparadas para cuando los muleros llegaran al pueblo con las cargas, y a otros había que llevarles la comida al último confín, “pasando las abelicas” al ir cargadas con varios cenachos o cestas de mimbre por aquellas insufribles cuestas: migas, pimientos fritos, fritaílla, algún que otro puchero o tortilla para el almuerzo; fiambre, una latilla de atún, jamón de forma excepcional, mina (eso de paté o foie-gras sonaba tan refinado y extraño) para el desayuno y, en los últimos tiempos, algún batido de sabores, de vez en cuando, para la merienda. La vuelta a casa la aprovechaban nuestras madres para empaquetarse un hacecillo de leña con un ramal con tarabita de madera.
Esa lluvia de jornales, que eran inferiores en cuantía económica para las mujeres, propiciaba un ambiente animado en los bares y en los bailes domingueros; la puerta del Casino era un INEM o SAE improvisado donde la gente aguardaba la llamada de algún patrón para los próximos días.
Después de “dar de mano” o de haber apurado ya una finca, la rebusca era una tarea básica, sobre todo para los más jóvenes, pues un buen copo de almendras “pelaícas” garantizaba un atuendo y unos zapatos en condiciones para la Función en octubre, así como también un dinerillo extra para convidarse con los amigos de la pandilla o las novietas. Algunos metían la mano directamente en el saco aprovechando cualquier despiste del encargado de la cuadrilla o capataz de turno y ganaban el jornal en un instante. Para esta labor se llevaban bien dobladas en el bolsillo o bien una talega de tela, o bien una bolsa de “tu-tú”, ese detergente en polvo de entonces que utilizaban las mujeres para lavar la ropa en el Barranco del Ferrer y que después blanqueaba tendida en las enhiestas junqueras o en las espinosas esparragueras del entorno.
La labor de la partidura era realizada por las mujeres de la casa en colaboración con otras del núcleo familiar o de aquellas vecinas serviciales e impagables que se tenían entonces; escoger la pipa concentraba a gran parte de la familia en torno de una mesa, a la que de vez en cuando se sumaba el pretendiente de alguna de las jóvenes que había acudido al evento (una colaboración interesada, pero bienvenida). Los cascos o trozos partidos de almendra, que no tenían buena venta, se tostaban y se metían dentro de un higo seco para comerlo con fruición (un manjar humilde, pero que no desentonaría en eso que ahora llaman alta cocina) o para hacer garrapiñá, pan de higo, o para el “majao” de la salsa del choto o de los caracoles, o que encontramos en tantos y tantos postres y platos que salen de los fogones alpujarreños para servirse en sus mesas: ¿alguien da más?
Un buen escandallo era señal de unas Pascuas en condiciones: desde la Purísima hasta Reyes habría diversión en la calle y en las tabernas: en estas, era habitual que el común, como parte de su divertimento, jugase a los prohibidos , o dicho de otra manera, “echarse un punto al monte”: una apuesta “a salto seco” al caballo que había venido “en puertas” desataba la locura en el personal que, de inmediato y al unísono,  prorrumpía en canticios muy sonoros, pero poco melódicos, mientras se arremolinaba bruscamente sobre la mesa para cobrar su premio, lo cual precipitaba al croupier encargado de tallar los naipes que, con voz enérgica y apitonada, pronunciaba las consabidas palabras: “¡ no me toquen posturas!”.
Enero y febrero volverían a obrar el milagro otro año más en esa especie de Jerte que es aquel rincón alpujarreño de La Contraviesa para auténtico disfrute de los sentidos: el blanco y el rosáceo intenso formarán de nuevo una postal de ensueño; unas semanas más tarde, con la brisa sostenida o un poniente más recio, se podrá contemplar el espectáculo de ver a los almendros derramar un mar de lágrimas blancas.
Marzo está aquí de nuevo y, de forma instintiva, me tiento el bolsillo. Ya no hay escuela, y los pocos niños que quedan llevan en el bolsillo un móvil (al que miran una y otra vez como si les fuera la vida en él) en lugar de sal para el tan preciado banquete de las allozas.
Perdonadme, pero creo que me quedé traspuesto con este tibio sol poniente debajo del renombrado y frondoso albaricoquero del patio de mi antigua escuela y estaba soñado con el ayer.

jueves, 9 de marzo de 2017

Patria de Fernando Aramburu



Impresionante testimonio de la vida -si es que eso es vida-, en un pueblo de Euskadi de profundo abertzalismo en los alrededores de Donosti. Muchas situaciones de las que aquí se cuentan las hemos vivido los que hemos estado cerca del País Vasco o convivido con vascos, o de alguna manera hemos sentido en nuestra proximidad las acciones de la banda terrorista. 

Patria tiene la virtud de ser algo más que una historia; es más que una novela. Son ciento ventitres artículos/capítulos que, como en “Rayuela” podríamos ordenar de diferente manera y el resultado sería el mismo. Es un encuentro con el dolor, la injusticia, el engaño, la traición, la amistad, la convicción, el perdón, el destino... Sobretodo es ese miedo a que te señalen, y ese “stasiano” dedo insinúe que no eres de la tribú. Es ese sentir y ese mirar con los ojos tapados por ese miedo que, por el adoctrinamiento, la deformación de la historia y la crecencia de una superirioridad moral, te lleva a la convicción que quien no sea de los nuestros resulta insalvable; y que para ser de los nuestros, no basta con haber nacido aquí, ni ser honrado, ni trabajador, ni pagar impuestos, ni dar trabajo y enriquecer tu tierra, ni siquiera acaparar todas esas cualidades juntas.

Patria es una acertada reflexión sobre la contingencia de la condición humana en situaciones extremas. Porque Patria en realidad no es una historia circunscrita a unos hechos y un territorio, ETA y el País Vasco; Patria es la parte de nosotros de la que no nos podemos desprender. Individualmente, no todos reaccionamos de igual forma, pero en esas situaciones de hostigamiento social irremediablemente siempre aparecen los demonios. 

Una gran novela sobre una terrible realidad. Un trozo de historia. La triste "PATRIA" de Fernando Aramburu.

No dudo que es este uno de esos libros que lees y lo recuerdas toda la vida. Muy fácil de leer, logrando captar nuestra atención de tal manera que no quieres parar.

Después de este libro. ¿Qué leo ahora?


Sinopsis que presenta la editorial en la contraportada:

“El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido, cuando volvía de su empresa de transportes? Por más que llegue a escondidas, la presencia de Bittori alterará la falsa tranquilidad del pueblo, sobre todo de su vecina Miren, amiga íntima en otro tiempo, y madre de Joxe Mari, un terrorista encarcelado y sospechoso de los peores temores de Bittori. ¿Qué pasó entre esas dos mujeres? ¿Qué ha envenenado la vida de sus hijos y sus maridos tan unidos en el pasado? Con sus desgarros disimulados y sus convicciones inquebrantables, con sus heridas y sus valentías, la historia incandescente de sus vidas antes y después del cráter que fue la muerte del Txato, nos habla de la imposibilidad de olvidar y de la necesidad de perdón en una comunidad rota por el fanatismo político.”

martes, 7 de marzo de 2017

Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones en Andalucía

He estado leyendo decretos, boja y normas. ¿Conclusión? que nada es como dice ni el pp, ni el psoe; ambos tienen algo de razón y sendos lo comunican de manera interesada. Creo cierto que Andalucía es la comunidad más cara a la hora de heredar, pero también lo es que hay un mínimo exento de 250.000 euros por heredero, que creo que no está nada mal.

https://www.juntadeandalucia.es/haciendayadministracionpublica/tributos/impuestos/cedidos/sucesiones.htm#regulacion



Boletín Oficial de la Junta de Andalucía - Histórico del BOJA Boletín número 146 de 01/08/2016
http://www.juntadeandalucia.es/boja/2016/146/1


Comentario de ABC " La principal novedad es el mínimo exento de tributación que pasa de los 175.000 euros actuales hasta 250.000"
http://sevilla.abc.es/andalucia/sevi-como-cambia-impuesto-sucesiones-201606180750_noticia.html


Ideal: Calculadora de deducción de impuestos de herencia y sucesiones Andalucía.
http://datalab.ideal.es/calculadora-deduccion-impuesto-sucesiones.



viernes, 3 de marzo de 2017

Crónica apócrifa de Pedro I el Cruel

FRANCISCO GIL CRAVIOTTO, Socio de Honor de la Casa de la Alpujarra
DE LA ACADEMIA DE BUENAS LETRAS DE GRANADA
La Opinión, jueves 23 febrero 2017



Carlos Asenjo Sedano, además de un reconocido y muy apreciado historiador, también es un ameno novelista. La última de sus novelas, recientemente publicada por la editorial Chiado de Madrid, es ‘Crónica Apócrifa del Rey Cruel’. En esta obra el autor sabe muy bien hermanar las dos grandes virtudes que debe tener toda novela histórica: el rigor de la investigación y la amenidad del relato. El resultado es una novela que, a pesar de llevarnos a una época muy lejana, logra enganchar al lector y, desde las primeras páginas, se lee con gran agrado y un marcado interés.

La novela se inicia con la muerte del rey Alfonso XI, frente a los muros de Gibraltar, entonces en manos del rey moro de Granada, víctima de la peste. Su entierro y funeral los aprovecha el historiador para, haciendo cuenta atrás, contarnos los amores de Alfonso con Leonor de Guzmán, una mujer muy bella y muy puta, se nos dice en el libro, que dio a Alfonso nada menos que ocho hijos bastardos. La esposa del rey, doña María de Portugal, sólo le dio uno, el príncipe Pedro, porque, después de la noche de bodas, el rey jamás volvió a visitar la cama de la reina ni la invitó a la suya. Esta soledad de la reina fue alimentando un odio que, en cuanto Alfonso murió, dio sus frutos: la reina envió un sicario con la misión de asesinar a la bella concubina. Nada menos que cien puñaladas recibió aquel cuerpo de mujer que tanto placer le había dado al rey Alfonso.

No será éste el único asesinato del libro. En cuanto el príncipe Pedro fue proclamado rey, la ola de muertes violentas fue creciendo más y más. Con el tiempo, llegó a tal grado su furor asesino, que abades y obispos empezaron a pensar en la posibilidad de que el rey estuviera endemoniado. Los grandes remedios de la Iglesia para atajar esta sed de sangre del rey –agua bendita, novenas y misas–, no produjeron el menor efecto.

Aquel rey cruel y asesino también era un saco de lujuria. Tenía una barragana fija –doña María de Padilla, aún más bella que la concubina de su padre–, y otras esporádicas que sólo duraban una noche. Doña María empezó a darle hijos bastardos y, para evitar que, en caso de muerte de aquella fiera coronada, el reino fuese a parar a un bastardo, obispos y cardenales acordaron que Pedro I contrajese matrimonio. El rey de Francia le dio al de Castilla la princesa doña Blanca, bella, rubia y de ojos azules, a la que don Pedro, siempre obsesionado con el cuerpo de la Padilla, no le prestó la menor atención. Doña Blanca premió el desprecio del rey añadiéndole a su corona una soberana cornamenta. Desde ese momento la obsesión del rey de Castilla fue la caza y captura del hombre que lo había hecho cornudo, algo bastante difícil porque éste aparecía y desaparecía como el río Guadiana.

Todo esto lo cuenta Asenjo Sedano con un lenguaje ágil y realista, ligeramente arcaizante, que a veces, sobre todo en la descripción de paisajes, roza la prosa poética. Los retratos de los personajes, especialmente las mujeres, son uno de los grandes aciertos del libro, así como el repetido símil del color rojo para indicar la obsesión asesina del rey cruel. En suma, una gran novela, que cumple a maravilla los deseos de los ilustrados del siglo XVIII, enseñar deleitando, porque este libro, al tiempo que entretiene, nos muestra una de las páginas más lamentables y sobrecogedoras de la historia de Castilla.

martes, 14 de febrero de 2017

Pregón de José Luís Vargas leído en la fiesta de San Blas en Cádiar

Señor alcalde, señor párroco, señoras y señores mayordomos, queridos paisanos, amigos todos.

Supongo que al darse las circunstancias en mí persona de haber nacido en Cádiar y ser otorrinolaringólogo, siendo san Blas el patrón de los enfermos de la garganta, y de los ORL, os hizo que pensarais en mí para dar el pregón.

Es para mí un honor y os agradezco vuestra oferta.

Quiero dedicarle este pregón a mis seres queridos que faltan, y especialmente a mi padre, gran devoto de San Blas, y a mi hermana Encarnita, que el próximo tres de abril hará 50 años que murió.

Hay un dicho que me gusta, que dice, “Para saber quién eres debes saber de dónde vienes”.

Por esto cada vez que me preguntan de dónde soy, respondo con todo orgullo que soy de Cádiar. Si noto que no saben dónde está, les explico la ubicación, “un pueblo que está en el centro de la Alpujarra”.

Nuestro pueblo cuenta con una larga historia, tenemos la suerte de haber nacido en una comarca donde la tradición, la leyenda y la realidad nos permiten disponer de cientos de ejemplos para imitar, junto con unos valores dignos de elogiar y de poner en práctica.

Me formé como enfermero y como otorrino en el Hospital Clínico San Cecilio. En una ocasión una compañera comentó en plan despectivo que el Dr. Vargas se formó en la Universidad de Cádiar.

Efectivamente empecé a estudiar en Cádiar, en la cartilla de escolaridad que aún conservo. El curso 69-70 cursé cuarto de educación primaria y fue entonces cuando, gracias a don Eduardo López Ortiz, que en paz descansé, que le dijo a mí madre que me veía capacitado para estudiar el bachillerato.

Gracias al esfuerzo de mis padres que me abrieron el camino del estudio, pasé de estudiar enseñanza primaria a estudiar bachiller libre.

En aquellos años los maestros Don Antonio Rodríguez Díaz y Don Eduardo López Ortiz, nos daban clases particulares durante el curso. En junio en el instituto de Churriana de la Vega, en dos días nos examinábamos de todas las asignaturas. Así cursé 1º, 2º y 3º de bachiller.

Vaya por adelantado mi agradecimiento y reconocimiento por la labor tan importante que realizaron por tener esa visión de futuro para encauzar a los jóvenes en el estudio, como herramienta para mejorar la sociedad.

El día ocho de la feria del año 1973, en la Alsina de las siete de la mañana, mi padre me llevó al colegio menor Fernando Castellón de Orgiva, allí fue donde termine de estudiar el bachiller.

De allí a Granada. Primero estudié Enfermería y trabajé de enfermero hasta el día 22 de abril de 1996, al finalizar la jornada laboral a las ocho de la mañana, firmé la excedencia de enfermero y el contrato de residente de primer año.


En un verano, en el río me encontré con José Morón Antequera “el de la mula”, nos saludamos y me dice: “Me he enterado que estás de médico y que operas”. Le contesté que sí, que había estudiado medicina y había hecho la especialidad de otorrino. A renglón seguido me dice: “¿Y te acuerdas cuando tú y yo estuvimos en Buenos Aires de parva?”. Le contesté: “Efectivamente, si me acuerdo, no se me ha olvidado”.

¿Cómo se me va a olvidar?: él y yo solos en una parva, en el cortijo de Buenos Aires, después de trillar y amontonar la parva, cuando íbamos a aventar pusimos en marcha la máquina de aventar que tenía un motor -menos mal- y pasados cinco minutos se paró y no funcionó más. Con lo cual, mientras uno iba echando a la máquina de aventar, el otro iba dándole a la manivela. Y así hasta el final.

Efectivamente ahora estoy de médico, pero antes cuando venía al pueblo en periodo de vacaciones había que trabajar. En aquella época no había muchas agencias de viajes, para organizar las vacaciones.

Había que regar, que mancajar, ir de parva, coger la almendra, la aceituna y además como decía el eslogan del taller de los hermanos Olvera, “Sea breve aquí se trabaja”.

Eran años de mucho trabajo, de madrugar y trasnochar, el trabajo del campo era de sol a sol, ese era el convenio que estaba vigente en la casa de Antonio Vargas.

Mi compañera no se equivocó y además no me ofendió. Me formé como persona en Cádiar, en la Universidad de Cádiar, de donde manan unos principios fundamentales, como son la honestidad, la educación, el respeto, el esfuerzo, el sacrificio, la honradez y el valor de la palabra dada.

Un lugar duro, si, pero esta dureza ha conformado la fortaleza de nuestro carácter. Ya que el destino de un pueblo depende fundamentalmente del carácter de sus gentes.

Por todos estos motivos, en honor a esta Universidad de Cádiar, he mantenido el cortijo como lugar docente para mis tres hijos.

Y me siento orgulloso de ser de donde soy, de Cádiar, y de donde procedo, de una familia de Mecina Bombarón, de la plaza Vieja de Mecina y de una familia de Cádiar, y de quien soy, efectivamente soy Vargas Fernández, hijo de Antonio Vargas y de Encarna “la mecinera”.

Son muchos los recuerdos del día de san Blas: se inicia con la subida desde la ermita de San Blas a la iglesia, el día de los Reyes, las novenas, con un grupo de músicos en la iglesia, tocando y cantando el himno de San Blas, musicalizado por el maestro Sánchez, la afluencia de mucha gente a las novenas, después del trabajo en el campo, el juego de los niños a la liebre en la plaza de la iglesia, la última novena con la presencia de todos los recién nacidos y la procesión de la Candelaria.

La noche del día dos y todo el día de San Blas tocando el campanillo llamándolo a su ermita.

La misa en honor a san Blas, los mayordomos vendiendo los estadales en la puerta de la iglesia, la procesión, el castillo de fuegos artificiales, y el final de la fiesta con el baile.

Durante los años que estudie medicina, trabajaba de enfermero en la sala de otorrino del Hospital Clínico San Cecilio y en el año 1995 no hubo examen MIR, examen que se realizaba habitualmente en el mes de octubre.

Cuando salió publicada la convocatoria del examen, casualidad, la fecha asignada fue, día tres de febrero de 1996, día de san Blas. Y yo que quería ser otorrino, me dije: “Esta es la mía, san Blas patrón de los enfermos de la garganta, de los otorrinos y de mi pueblo, me echará una mano”. Y así fue. Gracias a Dios, a san Blas y al saber acumulado por las muchas horas de estudio, logré un buen número del MIR, para poder escoger otorrino y además en el mismo servicio en el que trabajaba como enfermero.

Cuando acabe la especialidad, a excepción de unos meses que trabajé en al hospital de Baza, el resto de mi carrera profesional la he desarrollado en el Hospital Clínico San Cecilio, donde tengo la plaza como FEA de ORL, hasta el traslado al nuevo hospital, que, espero que se llame Nuevo Hospital Clínico san Cecilio.

Gracias al trabajo de investigación del profesor, investigador, historiador y escritor de Cádiar, Francisco García Valdearenas, sabemos que el origen del patronato de san Blas en Cádiar se remonta a principios del siglo XVII, siendo designado por sorteo entre los vecinos. Corría el año 1600 y una epidemia de peste asoló a Cádiar, pereciendo las dos terceras partes de su vecindario; al no tener patrón los vecinos lo echaron a suertes, entre muchos santos, saliendo elegidos Santa Ana y San Blas.

En noviembre de 1763 el vecindario, a través de una votación, confirmó el patronazgo de San Blas y el día 11 de diciembre de 1763 fue confirmado canónicamente por el señor Arzobispo de Granada, don Pedro Antonio Barrea, como patrón tutelar, según consta en el documento titulado: Aprobación de Voto y promesa de tener y guardar por tutelares y patronos (Archivo Histórico Diocesano de Granada. Legajo 123-F. Año 1763).

Blas nació como noble y después de ser educado en la fe cristiana se hizo médico en Sebaste, Armenia, actual Sivas, Turquía. Fue nombrado obispo de Sebaste por aclamación popular, tras la muerte de su predecesor. Un tiempo después se retiró al monte Argeus donde vivió de manera austera rodeado de bestias salvajes. Él era visitado por multitud de gente enferma para que curara sus dolencias.

En el 315, Agrícola, gobernador de Capadocia y Armenia Menor, fue enviado por el emperador romano Licinio con la orden de eliminar a todos los cristianos arrojándolos a las bestias salvajes. San Blas fue capturado y llevado al gobernador el cual intentó que apostatara. Durante su cautiverio fue sometido a tortura, golpeado y le despellejaron con un rastrillo de hierro. En el año 316 fue decapitado junto a siete mujeres que lo ayudaron en su martirio. Sus restos fueron dispersados por los alrededores de la cuidad.

La leyenda dice que mientras era llevado a la muerte las calles se llenaron de feligreses para verle. Abriéndose camino, una mujer se acercó con su hijo que llevaba clavada una espina de pescado en la garganta y san Blas se la extrajo.

Fue venerado como el patrón de aquellos que sufren problemas de la garganta en el Este desde el siglo VI. El culto se extendió gracias a la cristiandad desde el siglo VIII. La primera referencia de la vida del santo esta datada en el siglo IX, lo que hace que su vida sea un misterio, la mayoría de los datos se le conocen por su leyenda.

Numerosos milagros fueron atribuidos a él ya que sus seguidores le rezaban a él cuándo tenían dolencias de garganta.

El mismo Aecio, médico griego, recomendaba a sus pacientes rezar a San Blas como tratamiento por un dolor de garganta, y que tomando el enfermo por la garganta le dijeran estas palabras: “Blas mártir y siervo de Cristo manda que o suba o bajes” y que repitiesen estas palabras mientras le tocaban la garganta.

Durante las cruzadas sus supuestos restos fueron llevados a distintas ciudades como Ragusa, ahora conocida como Dubrovnik o Tarento, que reivindican poseer las reliquias del santo y muestran especial devoción por él.

En Dubrovnik (Croacia) la festividad es emblemática y casi milenaria pues se remonta como mínimo al año 1190, y se incorporó en el año 2009 a la lista del patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

En Paraguay, San Blas es el patrón nacional, probablemente por la protección que los españoles atribuyeron al santo en una batalla con los nativos en el fuerte de Corpus Christi, el 3 de febrero de 1539.

En Alemania se encuentra entre los 14 santos auxiliadores que son venerados como protectores frente a diferentes enfermedades.

En España he contado unos 57 municipios que celebran a San Blas.

Desde antiguo se considera a san Blas el patrón de los laringólogos, aunque la fecha de la definitiva asunción de la especialidad de otorrinolaringología según el profesor Ciges, es en 1883, al unir las disciplinas de otología, laringología y rinología, siendo mas reciente la aprobación de los estatutos de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, el 28 de noviembre de 1946.

Al ser san Blas patrón de lo laringólogos, se asume como patrón de la especialidad y es celebrada su festividad, por muchos servicios y sociedades de otorrinolaringólogos en toda España.

No solo es el patrón de los ORL sino también los escardadores de la lana (esquiladores), de los ganaderos en Rusia, de los cantantes, así como de los vendedores ambulantes y de los subastadores. En la tradición popular los trovadores le cantaban en su día, para asegurarse el bienestar de la garganta durante el año.

Debido a la fecha de su celebración, día 3 de febrero, cuando caía en día laborable los pavicos, que estamos fuera, no podíamos venir. Al cambiar la fecha al fin de semana, para celebrar la festividad del santo, en Cádiar, estamos en la tradición, ya que, no existe un consenso en cuanto a la fecha de celebración de su festividad, según el martirologio romano del siglo IX indica que es el 15 de febrero, pero según la (hagiografía griega) iglesia ortodoxa es el 11 y actualmente la iglesia católica lo celebra el 3 de febrero, y nosotros lo celebramos hoy día 4.

Cada vez que las obligaciones laborales no nos lo impiden, la familia Vargas Maldonado venimos a San Blas, a pedirle y agradecerle, a disfrutar de la fiesta, a tocar el campanillo, a continuar con la tradición de nuestros antepasados,ya que tenemos la responsabilidad de vivir con integridad y honestidad para honrar el sacrificio de quiénes nos han traído hasta aquí.

Nuestras tradiciones no debemos perderlas, debemos sentirnos orgullosos de ellas, somos responsables de que se mantengan y perduren y si son susceptibles de mejora, mejorarlas, pero no obviarlas ni olvidarlas.

Como otorrino le pido a San Blas que me ayude en toda mi actividad profesional, le pido por mi familia, por mí, le pido por todos los paisanos, los que viven aquí, así como para los que viven fuera de Cádiar.

Le pido para qué al contrario de la tradición, para la fecha de celebración de su festividad, si se dé el consenso entre los distintos partidos políticos y colectivos sociales y aúnen todas sus fuerzas para conseguir el máximo desarrollo y el máximo bienestar para las gentes que habiten, este nuestro pueblo.

Os animo a participar de la fiesta, a vivirla, a disfrutar del encuentro con los viejos amigos, con la familia.

Os propongo un brindis en nuestra famosa fuente del vino, por todos los cadiarenses, los ausentes y los presentes y por todos los amigos que nos acompañan.

Muchas gracias por todo lo que Cádiar me ha dado y muchas gracias por vuestra atención.

Vuestro paisano y servidor José Luis Vargas.

Viva Cádiar y viva San Blas.

14 de febrero



                                                         Feli Maldonado



14 de febrero

La sonrisa se iluminó

sobre el rostro

como un cálido verano,

se extendió hasta el fin de su cuerpo

como una onda sobre un lago.



El silencio tan honorable

vivía en aquel ser.

Como la noche en el día

como el agua en el mar

como el amor en mí.



Solo el dedo atravesó el espacio

ahora erótico y caliente

y encontró la suave piel

que acogió la caricia  y la mano

en el entono el suave

en el gorjeo de una nana

en el espacio ahora en consonancia

con la música compartida.

Fue eco y a la vez amante

del interludio salado de los besos.



La suave piel iba dejando espacio

a la húmeda caricia del deseo.

De la cavidad ambigua de la boca

hasta el hueco cóncavo del oído

las caricias ahora rociadas

o secas

eran testimonio eterno

del deseo compartido.



Un  paisaje perpetuamente recorrido

de suspiros, complicidades, deseos.

                                                                              Silencios.



Son la eterna riqueza

del amor

que se destila

en años de eterna pasión compartida.