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lunes, 14 de noviembre de 2016

Cesta de Navidad

Productos que forman parte de la Cesta de Navidad.






Un jamón

3 botellas de espumosos

6 botellas de vino

1 surtido grande de Casa Pasteles

Libro donado por Celestino López

4 tarros de miel de Granada de Lanjarón




1 décimo de nuestra lotería





Tocineta de Vallejo

2 polos de la Asociacióneyenda

2/4 de queso de Venta del Chaleco

Productos Bernardino de Torvizcón
Productos La Alacena de Bérchules y El Chorrillo de Trevélez
6 Cervezas artesana de Orgiva


Productos de Orgiva y Pitres

Libro donado por Germán Acosta


Libro donado por Paco García
Libro donado por Pepe Alvarez
Licor de almendra que podía hacerse en La Alpujarra. Producto Complementario.


Garrafa de 5 l de AOVE de Peligros que está muy bueno. Producto complementario.




La Cesta incluye la papeleta 001 del sorteo, con lo que se podría dar la paradoja de que la Cesta se tocase a sí misma. Lo que quiere decir que nos la comeriamos igualmente, pero entre más gente, lo cual es mucho más saludable.

martes, 6 de septiembre de 2016

El mendigo filósofo de Fracisco Gil Craviotto



A veces, cuando paso por el puente de Meulan o sus inmediaciones, me encuentro con un clochard, barbudo y desgarbado, que me aborda para pedirme un franco. No está siempre y, en ocasiones transcurren muchos días sin que aparezca. Una tarde, que se me
ocurrió preguntarle si había estado enfermo, porque llevaba varios día sin verlo, me dio esta respuesta.

-Nada de enfermedad. Es que a veces me canso de ver el río y me voy a otro pueblo. Pero siempre ocurre que, al cabo de algunos días, siento la llamada del agua y tengo que volver otra vez al lado del río. A fin de cuentas soy un hombre libre y lo mismo puedo estar en un pueblo que en otro. ¿No le parece?
-Por supuesto. –le dije.
Me iba ya cuando me hizo una señal que indicaba que quería decirme algo.
-¿Sabe por lo que yo no trabajo y vivo debajo de un puente?
-No, ¡como lo voy a saber!
-Pues muy sencillo: porque quiero ser libre. Y ser libre significa que, lo mismo puedo estar aquí, que en Hardricourt, en Mantes la Jolie o en París. Eso no sería posible si tuviese que ir a la fábrica, al taller o a la oficina. Pero hay además otra razón por la que yo no trabajo.
-¿Otra razón?
-Sí, otra razón. Es que en mí no manda nadie. Mi lema es: ni Dios, ni patrón. Libre como un pájaro.
-Está en su derecho.
-Sabe –continuó- que muchas veces yo me tumbo ahí sobre la hierba y me digo a mí mismo: ¿podría el Presidente de la República hacer lo que yo hago? ¿Podría tumbarse aquí, al lado del río, sobre la hierba? Me entran ganas de reír nada más pensarlo. ¿Y el Papa? , me pregunto. ¿Podría, después de decir su misa, tumbarse ahí, donde yo me tumbo cada vez que me da la gana?


Después de darle la razón –sí, él era más libre que el Presidente de la República y el Papa-, me marché para dejarlo dueño absoluto de su libertad. Al día siguiente volví a verlo en el mismo lugar.

-¿No se ha cansado todavía de mirar el agua?
-Pues, la verdad es que no. El agua me ayuda a pensar y ahora llevo varios días de grandes pensamientos.
-Entonces me voy para no interrumpirle.
-No se vaya que le voy a decir la gran conclusión a que he llegado.
-Le escucho.
-El hombre no tiene necesidad de que le enseñen las cosas más esenciales de la vida: sale del vientre de su madre sabiéndolas.
-¿Por ejemplo?
-Respirar, tragar, defecar, orinar, toser, fornicar... Pero lo más importante es lo que le voy a decir ahora: todo el mundo sabe morir.
¿Conoce usted a algún muerto que no haya sabido hacerlo?
-A ninguno.
-¿Lo ve? Yo tampoco conozco a ninguno. Hasta el más tonto sabe lo que hay que hacer para morir. Eso me consuela bastante porque, cuando me llegue la hora, estoy seguro que, sin necesidad de que nadie me ayude, yo también sabré hacerlo.


Hizo un breve paréntesis para espantarse una mosca que lo venía persiguiendo desde hacía unos minutos, y siguió con su perorata:

-Otra conclusión a la que he llegado es que todo el que manda es un hijo de puta y todo el que obedece al mandón un borrego sumiso. Como yo no quiero ser ni hijo de puta ni borrego sumiso pues sólo me queda apencar con mi soledad, pero siempre libre.

Me iba ya, pero me hizo una señal con la mano para retenerme. El buen hombre aún tenía algo más que decirme.

-¿Sabe dónde empecé yo a pensar? Cuando se lo diga no me va a creer.
-¿Dónde?
- ¡En la mili!
-¿En la mili?
-Sí, en el cuartel. Me condenaron a dos meses de calabozo y allí tuve sesenta días con sesenta noches para pensar.
-¿Sesenta días de calabozo?
-Sí, el sargento me mandó que trasladara cuestión de más de cien bombas de un almacén a otro y yo, temiendo que alguna me explotara, le respondí que no tocaba las bombas. Me condenaron a dos meses de calabozo. Fue precisamente allí donde descubrí que todo el que manda es un hijo de puta.
-¡Gran descubrimiento!
-Sí, gran descubrimiento. Cuando al fin salí del calabozo lo primero que hice fue escaparme del cuartel.
-¿No lo buscaron por prófugo?
-No sé si me buscaron porque yo me largué a Bélgica y no volví hasta cinco o seis años después, cuando ya nadie se acordaba de mí.
-¿Y qué hizo en Bélgica?
-Lo mismo que hago aquí: tumbarme sobre la hierba y pensar.


Me despido del filósofo de la hierba y sigo mi paseo. Al día siguiente ya no estaba.



Publicado en el Faro de Ceuta el domingo, 4 sep 2016

viernes, 26 de agosto de 2016

Dios habita en la izquierda



Yo siempre he oído que Díos está en todas partes. Sin embargo acabo de leer el comentario que uno de nuestros periodícos nacionales hace de un libro de V. S. Ramachandra en el que dice que Dios “vive” en el lobulo temporal izquierdo de nuestro cerebro, un poco por encima de la oreja izquierda. Por lo que entiendo de este artículo lo que quiere decir el autor en su obra (Phantoms in the brain. Ediciones William Morrow. Nueva York) es que en esa masa blanducha, grasienta y grisácea de nuestro cerebro, en ese grumo de materia semejante al queso de untar es donde reside la idea de Dios.
Así me explico yo los dos extremos, lo de los místicos y los indiferentes. Idea débil en estos, tal vez porque su cerebro dormita, y fuerte en los primeros dónde la divinidad palpita con virulenta actividad. Y entre ellos el resto de los mortales donde la medimos en una escala continua, en la que nuestra posición está en función de la actividad cerebral de nuestra parte izquierda, en relación a las manchas verdes que tiene nuestro queso cerebral.
Esto se afima sobre la base de unos estudios neurológicos que se vienen desarrollando desde hace años. Como ejemplo, cita como algo incuestionable que en determinados casos de epilepsia, los ataques se originan justo en ese lado del cerebro, y que pueden, en determinados casos, esperimentar visiones místicas durante sus crisis. Deslumbramientos divinos como muchos lo han considerado al hablar de los mismo. Sugiere, que esas sacudidas electrodivinas pueden cambiar el comportamiento del individuo de por vida, hasta el punto de que se habla de la “personalidad del lóbulo temporal” en esos enfermos, que consistiría, más o menos, en la falta del sentido de humor, exhacerbación de las emociones, tendencia a otorgarle un sentido cósmico a las cosas, incluso a las más menudas de las nimiedades, egolatría y obsesivo interés por los temas filosóficos, religiosos y morales.
Por supuesto este diagnóstico difiere mucho en diferentes pacientes, pero en sus grados más altos no cabe duda de que es el retrato de un fanático. Pensando en esto me imagíno a ciertos individuos que no quiero nombrar con sus cabezas iluminadas por el resplandor que produce, en las noches de verano, ese chisporroteo de las tormentas neuronales debido a la fermentación incesante de su lóbulo temporal.
Con el mismo argumento pienso en esa gente maravillosa que la iglesia se ha encargado de mostrarnos, como Santa Teresa o San Pablo, porque el cerebro es una máquina prodigiosa que lo mismo que es capaz de producir monstruos, realiza divinidades y ensueños. Todos hemos leído que estos dos santos, como tantos otros, vieron la luz divina que todo lo ilumina, Santa Teresa en su enfermedad, y San Pablo cuando se cayó del mulo, momento en el que seguramente se atizó un golpetazo en la sien izquierda que le llevó a su conversión tras esa repentina visión. En el santoral podemos encontrar numerosos ejemplos de Santos donde el punto de inflexión de sus vidas viene motivado por visiones repentinas más o menos comprensibles, pero entre ellos destacan claramente los místicos que serían los campeones de estas ensoñaciones que sólo con la fe se entienden.
En este estudio, una de la pruebas realizada es la presentación de diversas imágenes como fotos familiares, imágenes de objetos neutros como una silla, fotos eróticas, escenas de gran violencia, imágenes sagradas. Las peronas no afectadas “normales” se activaban emocionalmente con las fotos familiares y eróticas y se disparaban o alteraban con las imágenes de violencia. Los pacientes sólo monstraban emoción ante los símbolos sagrados. Así que me lleva a pensar que algunos “santones” pueden haber sido enfermos cerebrales capaces de ignorar el dolor del ser humano, pero que se ponen a levitar con la simple visión de una cruz.
Puede que el Mal sea ese dios enfermo y lesionado que llevamos en el interior de nuestro cráneo. Esa enorme mancha verde de queso con la que untamos nuestro pensamiento.

jueves, 18 de agosto de 2016

Federico García Lorca, 80 Aniversario de su muerte.


En 1977, en mi primer año de trabajo, hice el COU por la noche en el "Jorge Manrique" de Palencia; hoy, precisamente hoy que pensaba recordarlo de alguna manera, me he tropezado con un largo trabajo que hice sobre el poeta que me ha sorprendido al recordarlo.
Debajo pongo un comentario sobre la Casida de los ramos, parte del trabajo, que habla sobre la muerte, cuestión que preocupaba al poeta en los comienzos de ese triste verano del 36 y que, a pesar de mi juventud, también me preocupa. Añado una imagen sobre el nacionalismo sacada de la red, otra cuestión que me mueve, y no quisiera que así fuese.

En la "Casida de los ramos", escrita en los días de la persecución, muy pocos antes de su muerte, expresa la sensación de quien se haya en estado de declive psicofísico que preludia el fatal desenlace:

Por las arboledas del Tamarit
han venido los perros de plomo
a esperar que se caigan los ramos,
a esperar que se quiebren ellos solos.

El Tamarit tiene un manzano
con una manzana de sollozos.
un ruiseñor apaga los suspiros,
y un faisán los ahuyenta por el polvo.

Pero los ramos son alegres,
pero los ramos son como nosotros.
No piensan en la lluvia y se han dormido,
como si fueran árboles, de pronto.

Sentados con el agua en las rodillas
dos valles aguardaban al Otoño.
La penumbra con paso de elefante
empujaba las ramas y los troncos.

Por las arboledas del Tamarit
hay muchos niños de velado rostro
a esperar que se caigan mis ramos,
a esperar que se quiebren ellos solos.

En la huerta del Tamarit el poeta vive el final de un verano que comenzó brillante y que se torna muy negro, el otoño se adelanta. Las umbrías arboledas se encuentran expuestas al fuerte viento y a las lluvias torrenciales que traerán la llegada del otoño. Estos presagios se materializan en "unos perros de plomo" y después en un grupo muy numeroso de niños anónimos e impasibles ("niños de velado rostro"). Una manzana que pende del manzano -símbolo de la vida enamorada- contiene en su carne prieta todo un futuro de sollozos. Un ruiseñor -ave del amor- reúne para perpetuarlos los suspiros del enamorado, pero un faisán -representación del desdén vanidoso- los va relegando al olvido ("los ahuyenta por el polvo"). En todo el ambiente se respira un presagio de muerte. Incluso los valles ("con el agua en las rodillas") aguardan las inundaciones que producirán los aguaceros otoñales. Bastará un viento ligero para que "se caigan los ramos". No pensando en su fragilidad se han dormido "como si fueran árboles", esto es, como si fueran lo bastante fuertes como para no quebrarse a la menor embestida. El elefante -atinada concreción de lo gigantesco en cuanto antítesis de todo lo frágil y diminuto- es introducido para designar metafóricamente el avance arrollador de las sombras a la caída del sol. Ahora no es ya la indefensión de los ramos vegetales cuya caída está próxima lo que congrega y atrae las miradas de los seres hostiles (perros y niños) que andan al acecho. Esta debilidad que amenaza ruina es la del propio poeta. Imperceptiblemente se ha trasladado a su cuerpo y a su alma la amenaza que se cierne sobre la fragilidad del mundo que le rodea.

lunes, 25 de julio de 2016

El origen de la vida por Francisco Gil Craviotto

El libro que tengo en las manos y que me permito recomendar al lector, si aún existiese la Inquisición, le habría costado a su autor morir abrasado en la hoguera. Anote el lector su título porque merece la pena: “El origen de la vida en la Tierra”. Su autor es Juan Antonio Aguilera Mochón, profesor de Bioquímica y Biología molecular de la Universidad de Granada. La verdad es que, cuando uno ve estos nombres y adjetivos tan científicos, “Bioquímica” y “Biología molecular”, siente impulsos de salir corriendo. No se espante el lector: el libro está pensado para los que nada o casi nada sabemos del mundo de la ciencia. Prueba de ello es que lo venden en los quioscos en donde la clientela no es necesariamente erudita.

El libro parte de una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez: ¿De dónde venimos? La pregunta tiene una respuesta enormemente complicada, tan complicada que ocupa las casi doscientas páginas de la obra que comentamos. Por fortuna, aunque aún quedan importantes incertidumbres, la ciencia se encuentra hoy en condiciones de poder responder a esta pregunta, cosa que no siempre ha ocurrido. Cuando la ciencia todavía andaba en pañales fueron las religiones las que respondieron a esta pregunta. Cada una lo hizo a su manera, sin más argumentación que la fe o el capricho del milagrero de turno. Frente a tan peregrina explicación la ciencia trata de responder con argumentos basados en la razón, avalados por experimentos de laboratorio y el testimonio milenario de los fósiles.

En la actualidad –nos dice Juan Antonio Aguilera al comienzo del libro- el interés por nuestros orígenes en sentido amplio se concentra en unos pocos “momentos” especialmente fascinantes: la aparición de la especie humana y de la vida, pero también la de la Tierra y del propio universo. Tras la gran cuestión de “¿por qué hay algo en lugar de nada?”, el comienzo de la vida tal vez constituya la dificultad más transcendente y enigmática de nuestra historia.

A esa gran cuestión, transcendente y enigmática, nos responde el presente libro; pero, antes de hablarnos del origen de la vida, nuestro autor nos explica cómo eran el planeta Tierra y el Universo de entonces. Es evidente que, para que llegase la vida y pudiese prosperar, tuvieron que darse unas condiciones de habitabilidad que la hiciesen posible. En esa descripción del mundo primitivo el libro nos ofrece páginas inolvidables, especialmente deslumbrantes para los profanos en temas científicos. ¿Sabía el lector, por ejemplo, que en aquel entonces la Luna aparecía mucho más grande que la vemos ahora?

La razón es obvia: la Luna y la Tierra estaban mucho más cerca que lo están ahora. ¿Sabía el lector que, consecuencia de esa cercanía, las mareas eran descomunales y la actividad de los volcanes no cesaba? En los tiempos más primitivos la vida era imposible porque no se daban las condiciones indispensables para ello, pero después el Universo se fue serenando y en la Tierra fueron apareciendo los líquidos y gases indispensables para la vida: agua, CO2, hidrógeno, amoníaco... Un científico norteamericano, Stanley Lloyd Miller, logró recrear en laboratorio en 1952 el ambiente de aquel mundo anterior a la vida y los resultados fueron asombrosamente positivos. Pero, además del aire que envolvía a nuestro planeta y el agua que regaba sus montes y llanuras, había también las inesperadas “visitas” de meteoros que venían de los espacios siderales y, con gran estrépito y destrucción, caían en la Tierra. Es posible que, viajando en alguno de esos meteoritos, llegase la vida de una humilde bacteria, pero también pudo surgir por generación espontánea en las aguas de una charca o el mar. Lo cierto es que sobre aquella convulsa y primitiva Tierra un día comenzó a palpitar la vida. Seres insignificantes y humildísimos, que fabricaban sus componentes a partir de moléculas inorgánicas, pero con un extraordinario don: eran capaces de evolucionar. Ahí estaba el secreto de su éxito posterior, pero hasta que en el siglo XIX llegó Charles Darwin nadie supo dar con él. Desde ese primer palpitar de vida hasta la llegada del “Luca” debieron pasar varios millones de años. (“Luca” viene de las iniciales en inglés de “último antepasado común universal”; significa que todos los seres vivos de la Tierra somos descendientes de ese mismo “Luca”.) Desde el “Luca” a la actualidad se calcula que han podido transcurrir 3.500 millones de años. Entonces todo iba mucho más despacio que ahora.

No sabemos mucho de nuestro lejanísimo tatarabuelo el “Luca”. Ni siquiera han logrado ponerse de acuerdo los científicos en su retrato. Unos científicos aseguran que tenía unos 600 genes y otros los reducen a bastantes menos o los aumentan a muchos más. Pero en un punto sí están todos de acuerdo: el “Luca” tenía la facultad de reproducirse y esa reproducción era evolutiva. Cuando Darwin expuso los pilares de su teoría produjo un escándalo universal y fue objeto de toda clase de chistes y sarcasmos. Ahora hasta los científicos más reacios y conservadores lo aceptan: todos procedemos de seres humildísimos que, a través del tiempo y la selección durante millones y millones de años, han ido evolucionando. El libro termina con una pequeña bibliografía, indispensable para todo el que quiera profundizar en el origen de la vida, y un índice temático, que nos permite encontrar con rapidez la página que nos interese.

Mi comentario sobre esta interesantísima obra quedaría incompleto si no incluyera dos notas negativas que me parece importante destacar. La primera concierne al nombre del autor, que no aparece en la portada ni en el lomo del libro. Hay que ir a la contraportada para encontrarlo. Después de toda una vida siempre rodeado de libros, creo que es la primera vez que contemplo tal novedad literaria. No le encuentro explicación. Acaso un capricho o antojo de la editorial. La segunda nota negativa concierne a las ilustraciones del libro: todas, absolutamente todas, vienen en blanco y negro. Un blanco y negro que, en la mayoría de los casos, deriva a un ajado gris, que aún se hace más insoportable cuando el fondo de la página también va teñido de gris. Si bien algunas de estas ilustraciones nada hubiesen ganado con el color, hay otras en las que parece evidente que el color les hubiese dado un mayor encanto y modernidad. La tacañería y voracidad comercial de la editorial RBA lo ha impedido. Una tacañería y voracidad que brillan desde la primera hasta la última página de este libro.

viernes, 15 de julio de 2016

II CERTAMEN DE GASTRONOMÍA ALPUJARREÑA

BALANCE ECONÓMICO


CERTAMEN CELEBRADO EN YÁTOR, EL DÍA 25 DE JUNIO DE 2016


BALANCE ECONÓMICO

II CERTAMEN DE GASTRONOMÍA ALPUJARREÑA
CELEBRADO EN YÁTOR, EL DÍA 25 DE JUNIO DE 2016



INGRESOS …........................…........................................ 1.872,89
Aportación del Exmo. Ayuntamiento de Cádiar … … … 300
Aportación de Academia Salvador … … … … … …   ...    50
Aportación de La Casa de La Alpujarra … … … …        167,09
Aportación Bodegas Cuatro Vientos por 5 est de vino  102,85
Compra a Bodegas Cuatro Vientos por 5 est de vino    102,85
Aportación APAG por doce tarros de miel … … … …      79,20  
Compra APAG por doce tarros de miel … … … … …       79,20
Aportación Venta del Chaleco por dos quesos … … …     60
Compra a Venta del Chaleco por dos quesos … … … ..  . 60
Aportación de un jamón de Jamones Múñoz … … … …    60
Compra de un jamón a Jamones Múñoz … … … …  ...      60
Aportación de un jamón de Jamones Juviles … … …   ...   60
Compra de un jamón a Jamones Juviles … … … … ...   ... 60
Aportación de un jamón de Jamones Vallejo … … … …   59
Compra de un jamón a Jamones Vallejo … … … …          59
Carlería del Certamen … … … … … … … …  ...   ...   ...  447,70
300 Botellines de 33 cl de agua de Lánjarón (0,22 €) … 66
6 Cajas de fresas de Frutos Rojos Alpujarra … … … … Sin valorar



GASTOS ….......................…................................................. 1.872,89
1. Pagado Bodegas Cuatro Vientos, según factura … … …     102,85
1. Compras según F-1, para el empedrao … … … … …  ...   ...  44,44
1. Papeleria, F-2 y F-3, fotocopias y papel para diplomas …    14,60
1. Pagado a APAG por doce tarros de miel … … … … ...   ...    79,20
1. Pagado a Venta del Chaleco por dos quesos … … … ...   ...   60
1. Pagado a José A. Gómez por un jamones (Múñoz) … …        60
1. Pagado a José A. Gómez por un jamones (Juviles) … …    .   60
2. Pagado a Jamones Vallejo por un jamón … … … … … ...   .  59
2. Imprenta, logo Cuatro Vientos … … … … … … …   ...   ...      8
2. Copia cartel para concejal de Yátor … … … … … …           29
Gastos en premios según relación adjunta … … … … …       434,08
Casa Alpujarra para post  eventos, según relación adjunta. 432,22
Cartelería del Certamen, pag directamente la Mancomunid 447,7
190 Botellines de agua consumidos por el publico en Yátor  41,8
6 Cajas de fresas de Frutos Rojos Alpujarra, consumidas en Yátor. Sin valorar







INVENTARIO DE DONACIONES Y COMPRAS ANTES DE PREMIOS … 908,10 EUROS

6 Jamones (2 de Vallejo, 2 de Múñoz, 2 de Juviles) 238 euros (4 a 60 y 2 a 59)
10 Estuches de vino de Bodegas Cuatro Vientos 205,70 euros (a 20,57 caja)
24 Tarros de miel de APAG 158,40 euros (a 6,6 tarro)
8 Trozos de queso de Venta del Chaleco 120 euros
4 Botes de Mermelado de Venta del Chaleco Sin valorar
300 Botellines de 33 cl de agua de Lánjarón 66 euros
6 Cajas de fresas Sin valorar


EXPLICACIÓN DE COMO DE HA REPARTIDO EL INVENTARIO DE … 908,10 EUROS

PREMIOS …. … … … … … … … 434,08
4 Jamones 239
4 Estuches de vino 82,28
8 Tarros de Miel 52,8
4 Trozos de queso 60
4 Tarros de mermelada Sin valorar

CONSUMIDO EN EL CERTAMEN POR EL PÚBLICO ASISTENTE
6 Cajas de fresas
190 Botellines de agua de Lanjarón ... … … 41,8

INVENTARIO TRAS LOS PREMIOS … … 432,22
La Junta Directiva, en próxima reunión decidirá qué hacer con estos productos.
2 Jamones 119 Los guarda Pepe Alvarez
6 Estuches de vino 123,42 ¨
16 Tarros de miel 105,6 ¨
4 Trozos de queso 60 ¨
110 Botellines de agua 24,2 Los guarda Andrés Linares


EL RESULTADO DEL CERTAMEN DE GASTRONOMÍA ES POSITIVO EN 265,13 EUROS
El Tesorero estará encantado de dar explicaciones a todos los socios al corriente de cuotas que lo deseen.

jueves, 14 de julio de 2016

Texto de la presentación del sainete



El Quijote es una constante lucha entre el deseo y la realidad. Fue concebida como una obra breve que, luego, fue evolucionando para convertirse en un libro infinito. Concebido como un libro de humor, así lo expresa Cervantes en el prólogo diciéndole al lector:

“Aquí te entrego dos fanegas de risa”

La escribió de corrido, para ser relatada, no leída, sin ninguna forma; han sido los editores los que ha corregido la ortografía y la gramática.
Lo verdaderamente importante de El Quijote es el fondo, el mensaje, el relato; sobre todo los diálogos entre Don Quijote y Sancho.
La mejor definición del Quijote, al menos la que a mí más me gusta, la leí, en la enciclopedia “Alvarez” de nuestros años de escuela, en unos versos que ignoro de quién son, y que dicen así:

Con extrema habilidad,
un soldado poco a poco,
queriendo pintar a un loco,
retrató a la humanidad.

Como he dicho, Cervantes lo escribió para sí, que es como surgen las grandes obras, cuando el autor se libera de ataduras y, sin traicionar su pensamiento, se deja llevar por el corazón. Más, en el caso del Quijote, donde el autor lo que quiso es disfrutar, enfrentando su deseo, con la cruda realidad de una España que, si bien era la mayor potencia del mundo, el pueblo no participaba de ese bienestar.

La diferencia entre la nobleza y el pueblo es enorme, una diferencia que donde primero se aprecia es en la mesa. Lo vemos, por un lado, con una comida sofisticada, lo mejor de Europa, tanto en las Bodas de Camacho, como en las comidas del duque; como lo vemos por otro lado en la comida del pueblo, en la que se hace referencia en la mayoría de los capítulos; más aún la improvisada, con lo se pillaba, de los pastores y los arrieros, como se ve el el cap. 11 (como curiosidad os diré que de los 126 cap, del Quijote, solo en cuatro no se habla de comida).

En casa de Alonso Quijano se comía bien. Cervantes nos lo hace saber en las primeras líneas del primer capítulo:

“ Una olla de algo más de vaca que carnero, salpicón la mas noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos”.

Pero Alonso Quijano, metido en asuntos de caballería, pierde el juicio, y se convierte en Don Quijote de La Mancha; sale a los caminos a desfacer entuertos; como caballero, sólo busca el sustento del alma, y Sancho le sigue siempre pensando en el cuerpo.

Es así, cargado de fatigas, sin beneficios y con el estómago vacío, como Sancho sigue a su señor, soñando con los placeres que encontrará cuando sea gobernador.

Y llega el día que se cumple su sueño. Es nombrado gobernador de Barataria.
El sólo quiere comer, pero el poder también tiene sus quebraderos de cabeza.
Lo primero es la ceremonia, una larga ceremonia de toma de posesión; después tiene que demostrar al pueblo su buen juicio y le llevan al juzgado donde ha de resolver una larga serie de conflictos.

Tras todo esto, por fin, lo conducen al salón del gobernador donde hay una mesa repleta de ricos manjares. Todos son para él.

Este es el momento que pretendemos mostrarle a continuación.

Muchas gracias por vuestra atención. Lo hemos hecho con mucho cariño.

Qué se comía en los días del Quijote


La cocina popular del siglo XVII ha sido celosamente transmitida de madres a hijas, y es consecuencia de la influencia de culturas anteriores, como la romana y la árabe. Es una cocina sencilla, sobria y elaborada en la que encontramos grandes similitudes entre La Mancha y La Alpujarra. Como si de El Quijote de la Alpujarra se tratara, apuntaré algunas citas en las que a lo largo de la obra de Cervantes se refieren a la comida.

Encontramos primero la olla podrida, que admite mil ingredientes, siendo por lo tanto poderosas que no podridas. La olla que está presente, en las mesas de los nobles ricos, en los conventos y abadías, y más menguada en casa de los hidalgos empobrecidos, pero exquisito alimento que tiene tres vuelcos: la sopa, las legumbres y verduras y las carnes. En el sainete que representamos en Yátor, Sancho y el médico se refieren a ella con el siguiente diálogo:

- SANCHO: Aquel pedazo de plato que está allí adelante humeando, que me parece que es olla podrida, por la diversidad de cosas que en las tales ollas podridas hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de gusto y de provecho.
- EL MÉDICO: -¡Absit! ¡Aléjese tan mal pensamiento!: no hay cosa en el mundo peor que una olla podrida. Las ollas podridas para los canónigos, o para los retores de colegios, o para las bodas de labradores, y déjennos libres las mesas de los gobernadores, donde ha de asistir toda la habilidad y toda cordula; y la razón es porque siempre y a doquiera y de quienquiera es mejor prevenir que curar; mas lo que yo sé que ha de comer el señor gobernador ahora, para conservar su salud y corroborarla, son unos barquillos y unas sutiles tajadicas de carne de membrillo, que le asienten el estómago y le ayuden a la digestión.

Sancho es un gran aficionado a ella y nos muestra su admiración al respecto en exclamaciones como: "… -Mirad, señor doctor: de aquí adelante no os curéis de darme a comer cosas regaladas ni manjares esquisitos, porque será sacar a mi estómago de sus quicios, el cual está acostumbrado a cabra, a vaca, a tocino, a cecina, a nabos y a cebollas; y, si acaso le dan otros manjares de palacio, los recibe con melindre, y algunas veces con asco. Lo que el maestresala puede hacer es traerme estas que llaman ollas podridas, que mientras más podridas son, mejor huelen, y en ellas puede embaular y encerrar todo lo que él quisiere, como sea de comer, que yo se lo agradeceré y se lo pagaré algún día". (2,49)

Esta olla podrida tenía más vaca que camero. La vaca además de ser más económica era de gran provecho para este plato, tanto por su sabrosa aportación para el caldo de la sopa, como por la posibilidad de combinar su carne con las sobras de garbanzos o legumbres, y de encebollarla aliñándola con aceite y vinagre y servirla en frío en la cena. Se podía servir como el "...salpicón las más noches". (1,1)

Esta olla podrida, nuestro puchero, sigue siendo plato principal de la cocina española, con algunas variantes es plato popular en casi toda España, en La Mancha, se sigue degustando con muchísima frecuencia, aunque con algunas modificaciones que han aligarado su peso y sustancia. En Madrid es el plato más representativo de la gastronomía popular, "el cocidito madrileño", plato obligado en todos los restaurantes.

Sobre los "Duelos y quebrantos", existen opiniones distintas. Para unos, se trata de huevos con torreznos, chorizo y jamón; así lo estiman Rodríguez Marí y Américo Castro. En el Diccionario de la Real Academia de 1803, citado por Rodríguez Marín, se lee que los "Duelos y quebrantos" son tortilla de huevos con sesos. Clemente Cortejen, sostiene que se trata de un guiso de carne.

Eusebio Goicoechea Arrondo, autor de la monumental obra "La Mancha, tierra de D. Quijote", cita que algunos pastores le habían asegurado que los amos solían darles las ovejas que sufrían algún accidente, las que caían de alguna peña quedando "quebrantadas", o bien las que dejaban malheridas las fieras salvajes. De este modo, al final de la semana se solía hacer una comilona con estos animales llamada "duelos y quebrantos": "Duelos" por la oveja herida, y "Quebrantados" por la oveja despeñada. Podría también aludir a esto Cervantes cuando dice que don Quijote tomaba los "duelos y quebrantos" precisamente los sábados. Estos sucesos finalizaba de manera parecida en nuestra Alpujarra.

Otro de los elementos fundamentales en la cocina manchega, como en la alpujarreña, eran los palominos. Muchas eran las casas manchegas que disponían, hasta hace poco, de palomares dedicados a la crianza de estas aves a las que se daba un destino gastronómico. Muestra de esta referencia la encontramos hoy, en la Casa Museo de Dulcinea en El Toboso, donde aun se conserva el viejo edificio del palomar, que puede albergar hasta tres mil ochocientas palomas, y da muestra ello de la opulencia de la casa solariega de labranza que fué cuando Cervantes conoció a sus moradores. Así, también forman parte de la dieta de Don Quijote: "algún palomino de añadidura los domingos"

Los platos llamados "de cuchara", o potajes, han sido fundamentales en nuestras dietas y aún lo son. Son platos ricos en calorías, que se toman en las épocas más frías del año, y así debía ser también en época de Cervantes. Sancho se relame de gusto cuando en el cp. 59-2: "O dos manos de ternera que parecen uñas de vaca, están cocidas con sus garbanzos cebollas y tocinos, y a la hora de ahora están diciendo cómeme, cómeme".

La base de estos platos son productos de la tierra: las legumbres y carnes de cerdo y caza. Estos potajes se elaboran poniendo en crudo a cocer y a fuego lento, las legumbres y las carnes, con ajos y laurel, a mitad de cocción de le añade un sofrito con aceite, pimentón, cebolla, sal y hoja de tomate seco.

Como la familia de Sancho, las gentes no carecían de los alimentos básicos, ya que disponían del terreno para el cultivo de las hortalizas, y de corrales para la cría de gallinas, conejos, huevos, el cerdo, y también la caza. La caza menor, proporcionaba una materia prima fundamental para la cocina de la época que aún hoy día es muy apreciada: la liebre, el conejo los pichones, y la perdiz. A ella, en particular, hace referencia Cervantes y lo oímos nosotros en nuestro sainete en boca de Sancho: "Desa manera, aquel plato de perdices que están allí asadas y, a mi parecer, bien sazonadas...”.

Mención especial merecen en el ámbito de esta gastronomía rural las gachas, citadas en los cp. 17 y 18, 2. Es uno de los platos mas degustados, especialmente en las épocas mas frías del año, y son también un excelente reconstituyente. Se hacen con harina, aceite, ajos, pimentón y agua. Dependiendo de la estación del año, se guisan con setas, hígado de cerdo o alguna engañifa de la época. Se toman de forma particular: se pincha una sopa de pan en la navaja, al igual que se describe en el (50,1) "darle con la punta del cuchillo los lomos de un conejo", pues, hay que señalar, que el tenedor no se ha usado en las mesas de La Mancha hasta fechas recientes, aunque no fuera desconocido el la época quijotesca, pues dice Don Quijote de Sancho: "...en el tiempo que fue gobernador aprendió a comer a lo melindroso: tanto, que comía con tenedor la uvas y aun los granos de granada" . (2,62)

La agricultura proporcionaban uno de los elementos más básicos de la cocina manchega: las habas, navos, cardos, zanahorias, cebollas y los ajos. Quién en su niñez no ha hecho frailecillos con las cortezas de las habas, costumbre que ya evoca, Cervantes en 32 - 1 : "partió cingo girante por la cintura, como si fueran hechos de habas, como los frailecillos que hacen los niños" A las habas se refiere Sancho en el Sainete cuando dice: “...oficio que no da de comer a su dueño, no vale dos habas”; o en uno de los muchos refranes "...en otras casas cuecen habas y en la mía a calderadas" .(2,13) 

Las habas, en La alpujarra lo sabemos bien, son las primeras hortalizas que se recogen en primavera, y son de gran provecho para la cocina. Después viene la temporada de las judías verdes, pimientos, tomates, berenjenas, calabacín, componentes de nuestros famosísimos y variados pistos y fritaillas, a los que también se hace referencia con intencionalidad critica cuando se lee: "miserable y bien nacido que va dando pistos a su honra comiendo mal y a puerta cerrada". (2,44)

 Divertidas son las referencias a los ajos, y diversas sus propiedades , al el sabor que aportan, sus sabidas cualidades curativas y su utilización en la elaboración de conservas.

He contado 65 referencias al pan en El Quijote. Ello deja muy clara su importancia para nuestra alimentación, pues es el elemento básico desde la mañana a la noche y en ocasiones es el elemento de supervivencia. Como acompañamiento básico o para elaborar sopas, o platos fundamentales en la cocina manchega como las "migas pastoriles o ruleras", los picatostes con vino y azúcar para la merienda, o tostadas con aceite en los desayunos.

Como a La Alpujarra,casi todo el pescado que llegaba a la Mancha en época de Cervantes era el arenque o el bacalao en salazón. D. Quijote que es hidalgo pobre come más pescado en salazón, como indica la referencia que hace con tanta añoranza de los arenques: "mas tomara yo un cuartal de pan o una hogaza y dos cabezas de sardinas arenques que cuantas yerbas describe Dioscórides". (1-18)

No puede faltar la leche y sus derivados. Recordaremos a Don Quijote para hablar de los quesos: "Por vida de mi señora Dulcinea del Toboso, que son requesones lo que aquí me has puesto, traidor, bergante y malmirado". (2-17)  Precisamente por tener desde antiguo una tradición pastoril, en la Mancha, la leche, el suero, el requesón, la cuajada, el queso, son alimentos consumidos y utilizados para la elaboración de postres y dulcería. Actualmente el queso puro de oveja de La Mancha es reconocido mundialemente.

Uno de los platos más típicos de La Mancha: la caldereta de cordero. En una sartén con aceite frito se añade la carne bien sazonada con pimienta, laurel y cebolla picada. Después se rehoga con agua y con vino a partes iguales, se deja el guiso largo tiempo hervir, mientras en mortero se llega a batir almendras, ajos, tomate cortado; y todo lo dicho m u y bien machacado, se echa en la carne que está en la sartén y al decir de sabios en esta receta así queda hecha nuestra caldereta.

Como en La alpujarra, entre las fiestas gastronómicas mas arraigadas en La Mancha, hay que citar la matanza del cerdo, que es todo un ritual que se practica en Noviembre. Así en el cap. 62, 2 al decir: "...pero su San Martín se le llegará como a cada puerco". Era, para San Martín, once de noviembre, cuando en La Mancha se mataba el cerdo. Con este motivo, -cómo me suena todo esto-, se reunía familia y amigos en una fiesta que duraba dos días, para colaborar en las labores de despiece del cerdo, el salado de los jamones y las pancetas, la fabricación de longanizas, chorizos, morcillas, etc. Papel fundamental tenían los mayores de la familia, pues eran depositarios de las recetas y especias, base de la fabricación casera de chorizos y morcillas, las costillas adobadas, y el lomo en orza. En muchos casos estas recetas eran secretos familiares que daban a los productos obtenidos en cada matanza un sabor particular. De estos productos viviría la familia gran parte del año.

En cuanto al vino, bravo y mojón, como el nuestro, Cervantes lo menciona hasta 44 veces: "¿es este vino de Ciudad Real? -¡Bravo mojón! -respondió el del Bosque". (2-13) También el vino tiene parte de la composición del bálsamo para remedios populares curativos: "Levántate, Sancho, si puedes, y llama al alcaide de esta fortaleza y procura que se me de un poco de aceite, vino, sal y romero para hacer el salutífero bálsamo". (1-17)

martes, 14 de junio de 2016

Los conciertos


Fernando de Villena

Francisco Gil Cravioto

Los Conciertos” es el título de la última novela de Fernando de Villena, prolifero escritor granadino que, entre poemarios y libros en prosa, ya tiene alrededor de cincuenta títulos publicados. El libro en cuestión es una novela de 240 páginas, editado por Nazarí, con una portada muy bella y llamativa, que reproduce un cuadro de Frans Snyders, Concierto de Aves, pintado entre 1629 y 1630.

Desde el comienzo del libro Fernando de Villena (Granada, 1956) nos sorprende con dos tramas paralelas –una en el Nuevo Mundo, en los comienzos del siglo XVII, la otra actual en la ciudad de Antequera-, que al final convergen en una sola que atrapa y seduce al lector.

Esta seducción del lector me parece que es la primera característica que debemos señalar en este libro. Nuestro autor lo consigue gracias a una acción “suspense”, propia de la novela negra, y a un estilo ameno e impecable, (con un lenguaje ligeramente arcaizante en la parte que transcurre en el siglo XVII), que en seguida ganan al lector, incluso al más apático. Hay momentos en que es imposible interrumpir la lectura porque nos embarga el deseo de saber lo que va a ocurrir después. A veces hasta nos viene la tentación de ir al final (algo que jamás se debe hacer en ningún libro) para saber cómo termina todo.

Enredada a esta característica hay que añadir otra que afecta especialmente a la parte que se desarrolla en el siglo XVII: el completísimo y minucioso conocimiento que Fernando de Villena derrocha en toda la novela del Siglo de Oro. Este conocimiento abarca no solo las letras y las artes de la época –algo normal en un escritor que lleva muchos años estudiando esa época-, sino también otras muchas actividades –música, cocina, trajes, costumbres, etc.-, y algo que desde el comienzo nos sorprende: brujería y hechizos. Algo que, sobre todo en el Nuevo Mundo, pervive y se confunde con las religiones primitivas –especialmente el animismo- y las brujerías de importación que, que al socaire de la Inquisición, llevaron los españoles. Es un tema que no deja de tener su importancia en el libro. Y hechizante es el efecto que el escritor ejerce sobre el lector al impedir que se pueda abandonar en cualquier momento la lectura.

Pero la novela, que es muchas cosas a la vez, es también una crítica mordaz y sin paliativos de la sociedad española del Barroco y sobre todo, y con mucho más énfasis, de la burguesía antequerana actual. El retrato que nuestro autor nos ofrece de los señoritos del lugar no puede ser más negativo. Todos ellos brillan por su altanería, ignorancia, chulería y depravación. Algunos de estos personajes nos recuerdan a los que en su día nos ofrecieron de la España profunda Pío Baroja, Antonio Machado –como el inolvidable don Guido-, o el cine de García Berlanga y Barden, lo que demuestra que el tiempo avanza, las generaciones se suceden, pero la imagen del señorito ignorante y holgazán, verdadero lastre de la sociedad española, continúa intacta. Se diría que es una maldición que ha caído sobre el país, porque el retrato que Fernando de Villena saca a la luz de la sociedad antequerana es evidente que vale para cualquier otra ciudad de España. Nuestro autor aprovecha la trama de su novela –unas muertes misteriosas que se suceden en Antequera y otros puntos y un maestro jubilado que tiene que investigar lo que la policía ha sido incapaz de investigar-, para hacer un análisis de nuestro tiempo y la sociedad actual. Sus conclusiones son deplorables, pero, hombre cabal y justo, como nuestro autor no puede permitir que triunfe la maldad y la injusticia, aunque en la vida real muchas veces sea así, en la novela el destino impone su justicia y al final ganan los buenos y pierden los malos. Huelga añadir que lo consigue sin forzar en ningún momento la verosimilitud de la trama.

Fernando de Villena nos demuestra con “Los Conciertos” que en literatura no hay géneros menores y que la llamada “novela negra”, hasta hace unos años tan denostada, en manos de un auténtico escritor, puede dar una gran obra. Responde al mismo credo literario que ya defendieron Manuel Vázquez Montalbán y Eduardo Mendoza. Hoy nos parece evidente que los tres tienen razón.

Este artículo ha sido publicado en el "Faro de Ceuta" el pasado día 12.

sábado, 4 de junio de 2016

La comida del Quijote

El banquete del gobernador

Como apunta Francisco Rico en “El Quijote del siglo XXI”, El Quijote es una lucha constante entre el deseo y la realidad. Cervantes lo pensó para divertirse y, para llegar a un público mayor, la escribió para ser relatada, de corrido, sin ortografía.

Es el gran libro de la ficción y la vida, siempre a caballo entre como son las cosas y cómo desea el autor que sean. Entre esta dualidad se tratan numerosos temas como el honor, el idealismo, la locura, el amor, la comida... La comida está muy presente en la obra.

Cervantes era un experto conocedor de como comían en su tiempo, era un gran observador y, como militar, un reconocido viajero, conociendo a la perfección la comida de ventas y posadas de los muchos caminos por los que andaba. Había viajado varias veces a Sevilla, comiendo en las ventas de los caminos, por lo que se aprecia, en El Quijote, un paralelismo y cierta influencia de la comida andaluza.

En el primer capítulo, en la tercera línea, Cervantes nos presenta al todavía Alonso Quijano describiendo su hábitos culinarios, una comida si no de noble, al menos de persona acomodada: "Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda".

Siguiendo al radiofónico Lorenzo Díaz, autor de “La Cocina del Quijote”, podemos hacer la primera clasificación de la gastronomía del Quijote.

La comida en la casa de Alonso Quijano:

1. La Olla. Este plato no se diferenciaba mucho de nuestro “puchero”, sus ingredientes eran: el tocino, las verduras como nabos y coles, legumbres como los garbanzos o las alubias, carne de cordero o res. La de Alonso Quijano solía llevar más vaca que carnero, dándonos a entender, por los ingredientes, que el nivel social y el poder económico del consumidor era bastante bueno; el carnero era más bien de los pastores y el pueblo.

2. Salpicón. Dice El Quijote que se comía por la noche y, según Lorenzo Díaz, se hacía con las sobras de la olla y mucha cebolla picada y hervida en vino blanco. Muy parecido a lo que hacíamos y aún hacemos aquí con las sobras del cocido, troceándolo y con unos ajillos picados y mucha cebolla freírlos primero y zancocharlos con vino de la Contraviesa después.
El salpicón era un plato que presidía las noches de los nobles y plebeyos de este tiempo, elaborado con la carne picada de vaca sobrante al mediodía y aderezada con pimienta, sal, vinagre y cebolla, todo ello mezclado.

3. Lentejas los viernes. Una vez a la semana como solemos hacer en La Alpujarra, como aquí eran y son parte de la alimentación básica en La Mancha. Como en nuestra tierra, y siempre según la opinión de Lorenzo Díaz, podían llevar algo de carne de cerdo, o simplemente cocinarlas “viudas”, sin carne, también solían llevar alguna verdura, col, achicoria u otra cogida en el campo. Lorenzo añade que todavía las papas no eran conocidas en España, al menos a nivel popular.

4. Duelos y quebrantos. He visto muchos autores y no se ponen de acuerdo en qué consistía este plato. Apuntaré algunas variantes y veréis como todas os suenan familiares:

-Huevos fritos con torreznos. Según una letrilla de Calderón, los quijotiles duelos y quebrantos son sencillamente huevos con torreznos.

-Guiso con nabos de asaduras y otras vísceras.

-Estofado con huesos rotos y alubias o garbanzos.

-Tortilla de huevos con sesos, riñones y asadura.

-Un plato hecho aprovechando los animales muertos o malheridos. 

Y, Américo Castro sostiene que este plato viene de la actitud de los judíos conversos que se veían obligados a comer carne de cerdo para ahuyentar las sospechas.

5. Los pichones los domingos. El palomino es la cría de la paloma, más comúnmente el de la brava, porque el de la casera, la de los palomares, se llama pichón.
Como aquí, excepcionalmente, los domingos o porque el niño está débil, para que se reponga. En nuestros pueblos en casi todas las casas había un palomar. Según Lorenzo Díaz, estos palomares eran privilegio de los hidalgos. La carne y su caldo se consideraban una delicadeza, muy apropiada para enfermos. Un plato también considerado de celebración que se preparaba según la tradición medieval, cortando el ave en cuartos, y marinándola en una mezcla de vino y leche condimentada con sal, pimienta, cebolla y ajo, para después freír y cocinar con una salsa hecha con almendras, pan remojado en vinagre, agua y especies como la pimienta, el pimentón, el tomillo o el laurel. ¿No os recuerda la salsa de almendras, la que hacía nuestra abuela?

Pedro Plasencia, estudioso de gastronomía, ha dicho que "No es el de Cervantes un novelón de esos en los que los personajes parecen no experimentar necesidad fisiológica alguna, fuera de la satisfacción de los instintos primarios. Este punto de vista del gastrónomo se corresponde con el del cura en el escrutinio de la biblioteca de don Quijote, en lo que se podría considerar como una crítica a la propuesta normativa de la novela realista a propósito del Tirant lo Blanc: "Dígoos verdad, señor compadre, que por su estilo es este el mejor libro del mundo: aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte..." (cap. 6, 1ªparte).

Cervantes, añade Lorenzo, con numerosas referencias gastronómicas en toda su obra, da palabra y hace cocinar a todas las clases sociales. Eso es insólito en la literatura no ya de su época, sino incluso en la de hoy. Además de los platos sencillos que hemos visto, o las abundancia de las bodas de Camacho, que veremos, también se habla del caviar, "un manjar negro... hecho de huevos de pescados, gran despertador de la colambre, es decir, del deseo de beber vino"(capítulo 54 de la 2ª parte). Esta referencia no es una invención literaria, pues hasta el siglo XIX se podían encontrar esturiones en el Guadalquivir sevillano y otros grandes ríos andaluces.

El Quijote nos muestra un panorama social amplio a partir de referencias culinarias. Así, de la modestia digna de la casa de Alonso Quijano, gobernada por el ama y la sobrina, y de las comidas improvisadas en ventas y caminos, don Quijote y Sancho descubrirán, sobre todo en la Segunda parte de la novela, que la cocina puede convertirse en gastronomía. En este sentido son importantes el famoso episodio ya mencionado de las bodas de Camacho, pero también las comidas en el palacio de los duques (y su irónica extensión a la ínsula Barataria) y en casa del anfitrión barcelonés de don Quijote, Antonio Moreno.

Así, podemos realizar una segunda clasificación, por clases sociales, de la gastronomía cervantina:

1. Comida del pueblo. Cuando habla de los pastores y los arrieros aparece el queso de La Mancha.

2. Comida de señores. Ejemplo mostrado sobretodo en la bodas de Camacho, donde se aprecia la variedad de la despensa de La Mancha y el gran conocimiento que de ella tenía Cervantes.

3. Comida de moriscos. Expertos en repostería, como nuestros pestiños o los dulces hechos con almendras e higos.