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jueves, 26 de febrero de 2015

Diputación y Universidad renuevan su colaboración con la candidatura de la Alpujarra a Patrimonio Mundial

Diputación y Universidad renuevan su colaboración con la candidatura de la Alpujarra a Patrimonio Mundial: La Diputación Provincial y la Universidad de Granada han renovado esta mañana su acuerdo de colaboración para conseguir que la candidatura de la Alpujarra a convertirse en Patrimonio Mundial por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). El pacto ha sido rubricado por Sebastián Pérez y Francisco González Lodeiro, máximos responsables de ambas instituciones, quienes han presentado el nuevo logotipo de la comarca, que estará presente en cuantas iniciativas apoyen el objetivo antes mencionado.

martes, 24 de febrero de 2015

ESTAMPA DE INVIERNO

Francisco Gil Craviotto


Cuando yo era niño vivía en un pueblecito de la Alpujarra
granadina. Recuerdo que, cuando llegaban los primeros fríos del invierno, los adultos siempre lo recibían con la misma expresión: “Ya está aquí el lobo”. Era la metáfora popular que resumía en la  palabra “lobo” todos los fríos e inclemencias del tiempo que durante tres meses íbamos a sufrir.
La vida pasaba del huerto a la cocina donde, siempre en torno a la candela, nos calentábamos todos. Las noches eran largas y, en las veladas que seguían a la cena, las mujeres de la casa nos contaban cuentos a los niños. Mi padre les tenía prohibido los cuentos de miedo porque decía -y con razón- que podían influir en
nuestro ánimo y hacernos personas pusilánimes y temerosas. Nada de aparecidos, fantasmas y escenas escalofriantes. Cuando al fin nos íbamos a la cama las sábanas siempre las notábamos frías, pero en seguida se calentaban con el calor de nuestro cuerpo al tiempo que un dulce sopor invadía la mente y todo se fundía en el sueño.

Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de aquellos años es el de las noches de lluvia, cuando oía el ulular del viento y el chapoteo del agua en la calle o en el huerto y yo, como el caracol en su concha, me sentía protegido entre las sábanas y las mantas, y un dulce e indefinible sentimiento de hogar invadía todo mi ser.

Mi única obligación era ir a la escuela y hacer los deberes que nos ponía el maestro. Cuando volvía de la escuela, si el tiempo lo permitía, siempre pasaba un ratito con mi amigo Sebastián (su bancal limitaba con nuestro huerto) que jamás iba a la escuela y todas sus obligaciones se reducían a cuidar de la cabra y llenar una espuerta de hierba para los conejos. Entonces yo consideraba a mi amigo Sebastián un ser privilegiado porque no tenía que ir a la escuela, ni aprender la “tabla”, ni la lista de los reyes godos, ni el poema al caudillo Franco, pero ahora pienso que el privilegiado era yo que, a través de la escuela, iba a tener acceso al mundo superior de la cultura. No quiero pensar cómo sería ahora mi vida si hubiese permanecido analfabeto para siempre. Yo le ayudaba a mi amigo a coger hierba, a buscar caracoles y otros menesteres parecidos y él me regalaba pájaros que había cogido mientras guardaba la cabra, pero en invierno no había pájaros -los nidos se columpiaban vacíos en los árboles desnudos- y lo único que a veces me podía regalar era una lagartija que había atrapado mientras yo estaba en la escuela. Le poníamos unas hebras de tabaco en la boca (era yo el que las proporcionaba volviendo a casa a buscar alguna colilla de mi padre) y la lagartija terminaba borracha dando unas vueltas inverosímiles que a nosotros nos hacían reír. A veces, con tal de huir, nos dejaba la cola que continuaba viva moviéndose un rato. En cuanto venían las primeras penumbras del atardecer Sebastián se iba con su cabra y espuerta de hierba a su casa y yo me volvía a la mía. Era entonces cuando, a la luz del quinqué, me ponía a hacer los deberes.

El invierno tenía su cúspide en los días de Navidad, Año Nuevo y Reyes. Eran quince días sin escuela, de com idas extraordinarias y pasteles. Mi abuela tenía las manos dulces y todos los años hacía unos mantecados, soplillos y otras menudencias como jamás las he probado después. Los dulces debían durar hasta Reyes, pero, antes de que llegara Año Nuevo, ya no quedaba nada. A veces yo me guardaba alguno de los mantecados o rosquillos de mi abuela y se los regalaba a mi amigo Sebastián que, entre tacos y palabrotas, lo devoraba con gran apetito.

El invierno era también época de resfriados, gripes y otras dolencias menores que me tenían tres o cuatro días, -acaso toda una semana-, sin ir a la escuela, en la cama o, ya convaleciente, en la mesa camilla disfrutando el calor del brasero. Una de las rememoraciones más imborrables de aquellos días de enfermedad es el recuerdo de las manzanillas y limonadas que me hacía mi madre. Si cierro los ojos me parece oír el tintineo de la cucharilla en la taza o en el vaso cuando se acercaba hasta mi cama con aquellas pequeñas delicias.

Hacia finales de enero comenzaban a florecer los primeros almendros y en febrero todos los alrededores del pueblo aparecían inmaculadamente blancos y con un ligero perfume de campo adolescente. En el huerto teníamos dos almendros y yo me extasiaba viendo el ir y venir a las flores de las abejas y otros
insectos. A veces, aprovechan do el encanto de las tardes soleadas, adultos y niños íbamos al campo a buscar hinojos y collejas. Era una delicia coger con nuestras manos aquellas hierbas que al día siguiente serían muestro manjar y alimento. No era raro encontrarse con una araña, un avispero abandonado o el carril de un hormiguero. Mi padre siempre decía lo mismo: Hay que dejar tranquilos a todos esos animales. Los días comenzaban a alargarse y hacia marzo aparecían las primeras golondrinas y vencejos y, aunque en el calendario continuaba el invierno, en la realidad de nuestras vidas ya había entrado la primavera.

Todo esto era en la época anterior a mi etapa de cautiverio en el colegio. Cuando entré en el internado una de las grandes sorpresas fue ver que allí apenas si había estaciones. Todos los días tenían la misma incontenible apatía, -misa, clase, clase, rosario-, y, salvo el sábado y el domingo, todo el resto de la semana era de una incontenible monotonía.

El sábado era el día de las confesiones. La confesión, en principio, era libre y voluntaria, pero el que pasaba dos sábados seguidos sin ir a confesar, en seguida lo llamaba el fraile y le preguntaba por qué no frecuentaba los sacramentos. Había algunos niños que tenían director espiritual y esto les daba un evidente aire de superioridad frente a los demás. “Mi director espiritual me ha dicho que lea “El divino impaciente” de Pemán. “Mi director espiritual me ha
dicho que lea los sermones del Padre Venancio Marcos”, nos decían mirando con cierto desdén a los que no teníamos director espiritual. Yo, aunque niño, intuía que el director espiritual ahogaba la única libertad que allí nos quedaba -la libertad de pensar- y siempre logré evadir el bulto del director espiritual.

Los domingos también eran muy distintos a los demás días. No había clase, teníamos dos misas en lugar de una -la primera como la de todos los días y la segunda solemne, con muchos cantos, inciensos y boato- y, por la tarde, poco después del almuerzo, íbamos de paseo en fila de tres. Los frailes justificaban la fila de tres porque, decían, en fila de dos había el peligro de que el diablo se metiese en medio y nos hiciese pecar. Los chicos decían que era una manera de tener confidentes para saber quien hablaba mal de los frailes o del colegio y para que nadie se fiase de contarle nada al amigo íntimo, sabiendo que siempre había un tercero que escuchaba.

Los días de semana todos eran, como ya he dicho, monótonamente iguales. Lo único que cambiaba es que el Gorila hoy hablaba de Felipe II y mañana se pasaba la clase con Felipe IV o Carlos II, o que el Gato se sacase de la manga las ecuaciones de segundo grado o los triángulos, hipotenusas y otras gaitas parecidas. También variaban las anécdotas de la clase. En todas las clases había un gracioso -se hubiera dicho que era una institución en el colegio-, y en la mía teníamos uno que era capaz de sacrificar un examen con tal de oír una risotada general de todos sus colegas. Una vez que tuvo que hablar de Carlos V, después
de un breve ataque de tos, dio esta sabrosísima respuesta:
-- Carlos V era hijo de Carlos IV y padre de Carlos VI.
No siguió porque el fraile lo interrumpió:
--¡Cero! Usted me copia cincuenta veces: “Carlos V era hijo de Juana la loca y Felipe el Hermoso.
--¿Está usted seguro, hermano?
--Lo que le he dictado antes me lo copia cien veces y, si vuelve a abrir la boca, el domingo aquí castigado.
En otra ocasión que el profesor de la Formación del Espíritu Nacional, un falangista que nos daba las clases vestido de uniforme y nos hablaba de tu, le preguntó la definición de nación, según José Antonio, en lugar de decir, “unidad de destino en lo universal”, soltó esta definición:
--Unidad de timo universal.
Yo ahora considero que la definición de compañero de clase era mucho más sabia y exacta que la de José Antonio, pero no la valoró así el falangista que, después de un formidable puñetazo en la mesa, increpó así al gracioso de la clase:
--¡Camarada! ¡Merecías que te fusilaran!
Pero la mayor proeza de nuestro compañero fue cuando,
en un examen de historia, le preguntaron por los nombres de los presidentes de la Primera República. Ésta fue su respuesta:
--Los presidentes de la Primera República fueron: Tres, catorce dieciséis, Salmerón y Castelar.
--¡Cero!
 --Hermano, Pi es igual a 3,1416.
--Esto no es una clase de matemáticas y mucho menos un circo.
--No es, pero lo parece.

En cuanto llegaba la cuaresma, además del rosario todas las tardes, también teníamos viacrucis los viernes. Había algunos pelotilleros que, para impetrar la clemencia del Gato y otros frailes a la hora de poner las notas, se pasaban todo el viacrucis con los brazos en cruz. Yo nunca recurrí a esos métodos. Siempre he
considerado que es mejor un suspenso digno que un aprobado mancillado. 

Unos años en marzo y otros en abril, llegaban las vacaciones de Semana Santa que ponían fin al segundo trimestre. Eran muy cortas, pero eran mejor que nada. Cuando llegaba a mi pueblo la primavera ya estaba en todo su a pogeo, pero yo sólo tenía una semana para disfrutarla.


Este artículo aparece en estos días en el semanario Wadi-as



jueves, 19 de febrero de 2015

LOS EFECTOS DEL TERREMOTO DE 1884 EN LA ALPUJARRA GRANADINA.



 Germán Acosta Estévez                                                                                       
                                                                                                    A mi añorado amigo y compañero Jorge
El día de Navidad de 1884, mientras algunos apuraban los últimos minutos de asueto en las calles y otros se disponían a disfrutar en familia de una cena algo más espléndida que de costumbre, la tierra tembló y de qué manera. En apenas 15 ó 20 segundos, un terremoto de gran intensidad causa una enorme devastación y un notable número de víctimas en La Axarquía malagueña, en la comarca del Temple granadino y el Valle de Lecrín. En La Alpujarra granadina, sobre todo en su parte más occidental, fue sentido de forma bastante intensa, provocando innumerables destrozos en sus pueblos, si bien el número de fallecidos es muy reducido en comparación con las zonas anteriormente citadas y con otros seismos ocurridos en nuestra tierra desde el siglo XVI.
Antecedentes destacados
Así, el terremoto con epicentro en el Mar de Alborán que sacude Almería con intensidad de IX grados el 22 de septiembre de 1522, sabemos que afecta sensiblemente a Baza y su comarca y a la mayoría de las tahas alpujarreñas, sembrando en ellas la destrucción y la muerte, según se desprende de la epístola de Pedro Mártir, fechada el 29 del mismo mes :“…por los valle de las montañas cercanas a aquella ciudad (Almería)- región vulgarmente llamada las Alpujarras- se desliza un río de fácil vado todo el año, fuera de las época de tormentas. Sus riberas estaban pobladas de pueblecitos, municipios y aldeas al amparo de la fertilidad de su suelo y la templanza de su clima, hasta el extremo de que parecían que disfrutaban de un perpetuo otoño. Aquel temporal lo redujo todo a polvo. Muy pocos pueblos escaparon de él, y los que sobrevivieron, atónitos con tal desgracia, tienen el cielo por techo de sus casas. Dicen que han quedado devastados en esta ocasión unos ochenta lugares...”. Las estimaciones hablan de unos 2500 fallecidos entre todas las zonas afectadas. En la Alpujarra, en concreto en Ugíjar, la devastación fue formidable. En un memorial de octubre de 1522 en el que compareció Fernando de Válor, alguacil de la taha de Juviles, como representante de las tahas alpujarreñas y con numerosos testigos moriscos se recoge con bastante precisión que hubo unos 130 muertos,  muchos heridos; de200 casas contenidas en la villa, sólo dos permanecieron en pie pero amenazando ruina,  y quedó totalmente destruida la iglesia y su torre. También perecieron muchos animales”…fasta los perros e gatos e bestias desta dicha villa de Uxixar los mataron todos aquel día las paredes” y fueron cuantiosas las pérdidas materiales:”…tenían cogidos e ençerrados sus panes e el vino en sus casas e todas las otras cosas que tenían para su mantenimiento e sus sedas filadas e enpeçadas a filar, e todo lo demás dello se perdió, e otras muchas cosas se perdieron…”. En el resto de Tahas alpujarreñas los daños y víctimas fueron también cuantiosos y en consecuencia algunas de sus alquerías acabaron despoblándose: unos marcharon a otros lugares de la comarca, otros tomaron el camino hacia Berbería. Ante tal panorama, las autoridades de Ugíjar solicitaron exenciones fiscales en el magram o la farda a la Corona de Castilla para varios años a fin de reconstruir el vecindario. El rey solicita en mayo de1523 que se hagan las averiguaciones pertinentes con tal de ver si procedía una reducción en el cobro de algunas rentas. En 1524 Carlos V concede las llamadas Penas de Cámara para reconstruir la cárcel y la fortaleza. No sabemos si se condonaron otras rentas, servicios o encabezamientos, pero se puede constatar que ya en 1530 la iglesia de esta villa se hallaba edificada por completo.    
El llamado terremoto de Lisboa de 1755 también afectó, aunque con menos virulencia a Granada y a su provincia: en la capital se resintió bastante la Iglesia del Salvador, teniendo que ser abandonada por los canónigos que allí moraban, celebrando desde entonces el culto en la iglesia de las Agustinas Descalzas. También se vieron afectados la torre y el reloj de la Real Chancillería; el caso más extremo se da en Güevéjar donde se abrió una gran grieta que sepultó varias viviendas, por lo que sus habitantes tuvieron que abandonar el pueblo de forma precipitada, la fuente principal se hunde y su caudal aflora en otro lugar del municipio, dos molinos harineros quedan inservibles, se observa movimientos del terreno, especialmente en el lecho del río que presenta grietas, hundimientos, elevaciones y cegamientos.
Por lo que respecta a la zona de la costa, en Almuñécar no hubo nada extraordinario que  reseñar; se produjeron daños en la torre y nave principal de la Colegiata de Motril y, en Salobreña, la llamada Fuente Grande, en el mismo casco urbano, se quedó seca mientras duraron las oscilaciones para luego brotar con mucha fuerza y turbia.
En Guadix se vieron afectados varios inmuebles, entre ellos la catedral, donde se abrieron varios sillares  en los cuerpos de la torre y quedaron muy maltrechos los arcos del cuerpo de campanas; en su interior se apreciaron grietas y sillares hendidos. Mientras, en Alquife la torre del templo sufría el quebranto de los tres entresuelos y apertura de sus paredes, en la capilla de Nuestra Señora del Rosario se quebraban cinco travesaños de madera, resintiéndose la techumbre; dos casas quedaron inservibles. En Dólar, pese al susto que se llevó la población solo hubo que reseñar la disminución del caudal del río.
Por la encuesta que manda realizar Fernando VI, tenemos noticias de los efectos causados en La Alpujarra por este terremoto de1755, cuyo informe transcribimos a continuación:
“Uxíjar, 15 diciembre 1755.
El Corregidor.
Cumpliendo la Real Orden de S. M., en que se sirve mandar a las Justicias informen si se sintió el terremoto del día primero de noviembre de este presente año, qué efectos causó, o se experimentaron, en edificios, ríos, fuentes, muertes o heridas de personas, o animales, si se notaron algunas señales que lo predijeran, cuáles, y con qué fundamento; habiendo tomado los correspondientes informes de calidad de personas que se previenen, en las villas y lugares del Partido de esta jurisdicción de mi cargo, resulta y debo expresar lo siguiente:
En la villa de Uxíjar, capital de este Partido, se sintió el terremoto el día expresado, primero de noviembre, a las diez de la mañana, en ocasión que me hallaba con su Ayuntamiento (por ser día de tabla), asistiendo a la misa mayor de la Iglesia colegial, que es de una sola nave, bastante capaz, por lo que fue sensible el movimiento de la tierra, desde el principio hasta su declinación.
Que todo él duró trece minutos, habiendo sido tan espantoso en su incremento, que las lámparas de la referida Iglesia, y arañas que pendían dentro de un arco de más de media vara de foro, en el cuerpo de medio del altar mayor, corres-pondiente a la luz del camarín de Nuestra Señora del Martirio, Patrona de esta villa, llegaron a tomar tanto ímpetu de sus vibraciones, que salían fuera del grueso del expresado arco.
Y habiéndome puesto en pie con los regidores, a impulso de tan grande novedad, no pudiendo sostenernos en los vaivenes que daba el templo, meciéndose de Levante a Poniente, fue preciso arrodillarnos para poder subsistir,  invocando la Divina Clemencia, y el patrocinio de Nuestra Señora, a cuya piedad, y protección se atribuyó la milagrosa providencia y evidente misericordia de no haberse experimentado en el templo, en edificio, en persona, ni en otra clase que haya podido notarse, ruina, quiebra ni otro perjuicio, más que haber sido común a todos sentir en el acto del terremoto unos afectos vertiginosos que incitaban a mareo o perturbación de cabeza.  En todos los demás pueblos del Partido de esta jurisdicción fue igualmente sensible y durable dejando, en algunos, quebrantadas bastante número de casas.
En la villa de Canjáyar, lo quedó [sic] tanto su Iglesia parroquial, que necesita de pronto reparo. En la de Pitres, y lugares comarcanos, por estar a la falda de la Sierra, acompañó al terremoto un terrible estruendo; lastimó más número de casas. Habiendo destruido enteramente los frutos de maíces, habillas, castañas, nueces, y uva, que son los propios de aquel terreno, los rigurosos fríos, y nieves, que precedieron en septiembre y octubre de este año, obligando a la notable despoblación que se observa en la multitud de vecinos que se han pasado a vivir del trabajo personal a las ciudades de Granada, Málaga y Motril. Y en el precitado día primero de noviembre vieron varios labradores fidedignos, vecinos de la referida villa, que salieron de ella antes de amanecer, que en el cielo se manifestó una porción de fuego que subsistió visible un cuarto de hora causándoles tan grave espanto que los dejó sin arbitrio al movimiento, y paró con susto hasta las caballerías que llevaban. El día veinte y siete del mismo mes de noviembre, a las doce menos cuarto de la mañana; y el veinte y nueve, a lastres de ella, se volvieron a repetir los terremotos, muy sensibles, pero transeúntes [sic], pues ninguno excedió de medio minuto, y no causaron nuevo efecto alguno”.

Uxixar 15 de diciembre de 1755,
                                                                                                                  Juan Tamarie y Vargas

Ya en 1804, el 13 de enero, en torno a las 17´53 un gran temblor sacude sobremanera a Motril dejando a su paso la mayoría de su caserío cuarteado o en ruinas y prácticamente inhabitable, así como también quedan derruidos los templos, muriendo en dicho siniestro dos personas sepultadas por los escombros y los testimonios de la época aseguran que el mar se retiró unas veinte varas. En La Alpujarra Baja de Almería y Granada causa asimismo graves desperfectos en distintas localidades. Por ejemplo, en 1807 se entregaron a Francisco Quintillán y Lois 13.427 reales para reparar los desperfectos habidos por los terremotos e inclemencias meteorológicas de 1804 las iglesias de Fregenite, Olías y Rubite. En este último lugar se tuvieron que librar otros 6.000 reales ya en 1815 a favor de Nicolás de Funes para terminar de reparar los desperfectos.
De nuevo, el 25 de agosto de ese mismo año, la tierra vuelve a estremecerse en La Alpujarra con gran violencia. En Berja se hundieron muchas casas, el ayuntamiento y la iglesia de la Anunciación, y hubo daños irreversibles en los otros edificios religiosos, contándose 45 muertos según el testigo Antonio Bueso y 36 según el Libro de Defunciones de la parroquia, 106 para otros. Pero el caso más dramático lo encontramos en Dalías donde se registraron 267 fallecidos y la destrucción fue tal calado que se planteó el cambio de ubicación de la localidad, aunque finalmente no se llevase a cabo; al mismo tiempo se observaron aperturas de grietas en el terreno, aumento de algunos caudales de agua con gran turbidez. En Canjáyar hubo 4 fallecidos, 60 casas desplomadas y se ordenó demoler otras 120. Grandes también fueron los daños en Adra, Iniza, Alcolea, Vícar o Roquetas. En Albuñol las dos torres de la iglesia quedaron abiertas en todas direcciones y muchas casas quedaron muy afectadas, quedando dos niños heridos y provocando el pánico y desconcierto entre sus habitantes que decidieron huir al campo. En las montañas cercanas se abrieron grietas y se produjeron deslizamientos de tierras. En Turón hubo que derribar 167 casas y la fábrica de plomo; muchos daños se produjeron en los campos de Cherín, lugar que quedó con todas sus casas inservibles,  a lo que hay que añadir numerosas bajas personales salpicando la geografía alpujarreña. Como consecuencia de ello, el gobierno concede exenciones tributarias por un año a las localidades de Berja, Dalías, Roquetas, Canjayar, Adra, Ugíjar, Motril y Turón. Muestra de toda esta desolación la constituye un testimonio recogido en Ugíjar el 29 de agosto de 1804 y publicado por El Correo de Sevilla el 12 de septiembre:
“Al terremoto del día 25 han seguido tantos, que no se puede numerar;  pero algunos días pasan de 40, y se observa que la tierra siempre está en movimiento: mas por fortuna en este pueblo todo ha parado en edificios, iglesias, torres, casas y demás por tierra, quando en otros han perecido personas á centenares. Vivimos todos en el campo, implorando la divina clemencia: En Cádiar han muerto 3, otras tantas en Benínar, 2 en Cherín, 3 en Padules, 106 en Verxa, 238 en Dalías (…) En Cherín una vega que había, en frente del pueblo, al otro lado del río, ha dado una media vuelta completa, de forma que el que tenía una hacienda con olivos a su falda, la halla en la cumbre; y por el contrario, las de la cumbre se han venido á lo baxo; un pobre que tenía una viña, con mil cepas halló sólo 100 donde estaban 200, unas más altas que otras, y estas a larga distancia , habiendo desaparecido las demás. Por esta vega pasaba el camino para Lauxar, se han hundido dos cerros, y sin embargo ha quedado el camino visible en un escarpado o despeñadero de 60 varas de alto (…) Todos los pueblos de Las Alpujarras han sufrido, si no más fuerte que este, à lo menos tanto: se han visto abrir casas y cerros lo mismo que un abanico y volver a su posición lo mismo que estaban. Nadie vive en los pueblos y los lamentos son generales…”
Otra vez en 1863, y tras una larga serie de movimientos telúricos, la tierra vuelve a trepidar en La Alpujarra el 8 de agosto. Este nuevo temblor es especialmente percibido en localidades granadinas como Capileira, La Mamola, Castell de Ferro,  Albuñol y Albondón, y en las almerienses de Adra, Berja o Dalías. Según un testimonio aportado por Casiano del Prado, se describe así la situación:
“En Berja, Dalías y Adra, à las 3 y media un terremoto y à las 4 de la mañana otro, no muy fuertes. En Capileira (Sierra Nevada) otro à la una y media de la mañana, de unos ocho segundos de duración y al ser de día se sintió otro más corto .En Albuñol, Albondón, La Mamola y Castel de Ferro, tres terremotos de la 1 à las cuatro de la mañana. Este último fue el más fuerte, y en Albuñol se sintió al mismo tiempo un estruendo como el de una descarga de un cañón de gran calibre. Más fuerte dice que fue en Castel de Ferro, puerto de mar que se halla a 12 kilómetros à poniente de Albuñol y à 20 à levante de Motril, de modo que algunos cuadros se desprendieron de las paredes. También se dice haberse sentido con gran fuerza en las barcas de pescar. En el Cáñar, pueblo situado a 4 kilómetros de Órgiva, al ser de día un ligero temblor que en Órgiva no se sintió, sin duda por la diferencia de los terrenos en que se hallan asentados uno y otro pueblo…”
     El terremoto de 1884: Características y consecuencias.
El conocido como Terremoto de Andalucía tuvo lugar el 25 de diciembre de 1884 en torno a las 21h 08m, cuyo epicentro se localizó entre las Ventas de Zafarraya, Alhama de granada y Játar, con una duración aproximada de 15 ó 20 segundos.Su magnitud fue de 6´7 y alcanzó una  intensidad de IX-X en Arenas del Rey, originó daños en 106 poblaciones, principalmente en las provincias de Málaga y Granada, siendo en 39 de ellas muy graves: las de Arenas del Rey y Ventas de Zafarraya fueron arrasadas por completo teniendo que ser reconstruidas. Los efectos de este se extendieron a un radio de 200Km de longitud por 70 u 80 de ancho. Aunque las cifras ofrecidas por las diferentes comisiones u organismos del momento difieren sustancialmente, los últimos estudios cifran el número de fallecidos en 1.200, 1.500 heridos, 4.000 casas destruidas por completo, 6.300 con graves daños y más de 20.000 resentidas. Hubo más víctimas debido a las duras condiciones climáticas que coincidieron en los días posteriores al sismo, así como la falta de medios tras el temblor, pero quizás no fue más dañino al ser festivo y, por ello, mucha gente se encontraba en la calle..
Según Vidal Sánchez,” La intensidad máxima IX –X se alcanzó en las poblaciones de Arenas del Rey y Ventas de Zafarraya, alcanzó el grado IX en Alhama, Albuñuelas,  Cacín, Játar, Jayena, Periana, Santa Cruz de Alhama y Zafarraya.
El grado VIII se alcanzó en Alcaucín, Canillas de Aceituno, Fornes, Agrón, Algarrobo, Benamargosa, Béznar, Chite, Cómpeta, Cónchar, Cútar, Frigiliana, Guajar Alto, Ízbor, Melegís, Molvízar,Mondújar, Murchas, Otívar, Restábal, Salares, Saleres, Sedella,Tablate, Tajarja, El Turro, Talará, Vélez Málaga…
 Con grado VII se sintió claramente en: Alfarnate, Alfarnatejo,Almuñecar, Bayacas, Brácana, Canillas de Albaida, Carataunas,Churriana, Dúrcal, Escúzar, Ferreira, Gabia Chica, Guájar
Faragüit, Huetor Tájar, Íllora, Jete, Ítrabo, Loja, Nigüelas, Órgiva,Pampaneira, Pinos Genil, Sayalonga, Soportújar, Tocón, Torre del Mar, Torvizcón, Ventas de Huelma y Villanueva de Mesía.
 El grado VII también se alcanzó, aunque con una proporción variable en cuanto a los daños causados en los pueblos, en Acequias, Albolote, Árchez, Atarfe, Benamocarra, Bérchules, Cájar, Cáñar, Capileira, Cártama, Casares,Comares, Escóznar, Ferreirola, Güevejar, Guájar Fondón, Lentegí,Málaga, Mecina Bombarón, Mecina Fondales, Moraleda, Motril,Nerja,Torrox y Vélez Benaudalla.
 Con grado VI-VII estarían Caniles, Colomera, Cozvíjar, Cenes de la Vega, Granada, Lentejí, Híjar, Montefrío, y Mecina Alfahar; Grado VI fue notado en Alcudia, Ogíjares, Pórtugos…etc”.
De todas las poblaciones, la más afectada fue Arenas del Rey con todo su caserío destruido, 135 fallecidos, y 253heridos. Se construyó un nuevo pueblo con 25 manzanas de casas a 500 metros del primitivo. Alhama registró el mayor número de muertos (463), 473 heridos, ¾ de las casas destruidas totalmente, por lo que hubo que construir un barrio nuevo. Se estiman en casi 10.000 los animales perecidos. En las Ventas de Zafarraya quedaron asoladas todas las viviendas y se descubrieron 74 cadáveres, siendo 16 los heridos de consideración. También fueron considerables los destrozos de viviendas y el número de víctimas en Zafarraya, Játar, Jayena, Las Albuñuelas o Murchas.
Por lo que respecta a Málaga, mencionaremos el municipio de Periana donde algo más de la mitad de las casas se hundieron por completo y el resto quedaron gravemente dañadas, contabilizándose  44 muertos, 32 heridos graves y 50 leves. En Alcaucín hubo 134 casas hundidas en el municipio, 22 en el núcleo y 112 en los alrededores, 9 muertos y 5 heridos graves y 50 leves.
En Güevéjar, municipio cercano a Granada, se deslizó la ladera arrasando 129 casas y dejando maltrechas otras 25, por lo que hubo de edificarse un nuevo pueblo al sur del original.
En cuanto a los efectos que se provocaron en el terreno podemos referir numerosas aperturas de grietas, deslizamientos, desprendimientos, hundimientos, licuefacción, alteraciones del caudal de aguas subterráneas y turbidez de las mismas,  emanación de gases e incluso fluorescencias propiciadas por estos con la fricción.



                                          Mapa de isosistas  y efectos en el terreno según Vidal Sánchez (1986) 

Las noticias de la provincia en los primeros días.

En la edición del día 26 de diciembre de 1884 El Defensor de Granada ofrece los primeros datos del fenómeno en lo que afecta a la capital. Aparte de una relación somera de algunos terremotos ocurridos en la provincia, nos relata que primero se produjo la oscilación y luego la trepidación con el consiguiente vaivén de paredes, cristales de ventanas y lámparas, produciendo algunos desperfectos en la zona de San Jerónimo  o en la plaza del Campillo, por lo que el asustado vecindario sale de inmediato a la calle. Como quiera que no cesaban las réplicas, a la una de la madrugada  y pese a las bajas temperaturas, seguían en la calle: algunos habían traído mantas y colchones hasta la Carrera de la Virgen. Esta última información la corrobora dicho diario el día 27 apuntando que se habían utilizado carros como improvisadas tiendas de campaña y que, a las 7´30h la gente retornaba a sus domicilios en medio de una lluvia pertinaz y una temperatura muy baja, sobresaltándose con el ruido más mínimo. Con las primeras luces del día se pudieron apreciar los daños: desprendimiento de un sillarejo decorativo en el interior de la catedral cuyo exterior es vallado por precaución; se desploma un techo en el cuartel de la Merced y en el hospital de San Lázaro se cuartearon cerramientos, enfoscados de paredes, se desprendió una parte importante de la cornisa  en la enfermería masculina y tuvo que ser cerrada una sala dedicada a pacientes femeninas por grandes desperfectos, huyendo los enfermos a los secanos colindantes.
Ese mismo día se tienen las primeras noticias de algunos pueblos de la provincia como Albuñuelas. Juan García Jiménez, que había sido mandado por el alcalde de la localidad a dar parte al Gobierno Civil, nos habla de una situación dantesca y refería que la mayor parte del vecindario se encontraba en la plaza llorando y profiriendo alaridos, mientras otros se afanaban  desesperados en el desescombro de una casa cercana al antiguo palacio que poseía allí el arzobispo, donde esa noche había un velatorio de un niño: sólo lograron recatar a un vecino y 22 quedaron bajo los escombros de dicha casa. Otro testigo llamado Juan contaba al periódico granadino que las casas del Barrio Alto y del Bajo se habían hundido, que había un gran número de fallecidos y los supervivientes acampaban en la plaza y en la llamada loma y viña de Las Monjas; El alcalde confirma las malas noticias y solicita alimentos y tropas para desenterrar los cadáveres.
El primer edil de Alhama en un telegrama refleja que son innumerables los edificios siniestrados e incalculables las desgracias humanas, solicitando también socorros a las autoridades.
En Motril el temblor provoca el pánico entre sus habitantes que salen a la calle, se registraron varios heridos y la muerte de un anciano provocada por el susto. El día 13 la ciudad renueva sus votos de 1804 por haber librado en esta ocasión a Motil de la devastación. De Loja se habla de un fuerte temblor que trajo consigo el hundimiento de tapias y tejados, de la gran alarma que cunde entre la gente; en un primer momento se toman precauciones ante las continuas réplicas y se contabilizan dos heridos y cuatro desaparecidos. Se hundieron varias casas, hubo grandes desperfectos  en el cuartel de la Guardia Civil, se hundió el techo del convento, se pararon los relojes y se oyeron las campanas de las iglesias. Todos sus habitantes permanecieron acampados durante la noche  en plazas y calles alrededor de las hogueras. De Otívar se nos habla del hundimiento de muchas casas y que el resto quedan maltrechas, de cinco fallecidos y tres heridos graves, huyendo los vecinos hacia el campo. En Béznar quedan destruidos casi todos los edificios, entre ellos la iglesia, si bien no hay víctimas que reseñar. En Dúrcal se resquebraja el puente de la carretera y los viajeros deben hacer trasbordo para continuar su andadura. Ese mismo día se cuenta que en Lanjarón existen muchos edificios hundidos aunque no hay que lamentar víctimas personales. En Murchas, sin embargo, la destrucción es tremenda y muchas las desgracias personales.
El domingo día 28 El Defensor contaba de Jayena que en dicho pueblo de 1213 habitantes, la mayoría de sus casas estaban hundidas y el resto en mal estado, había registrados 10 muertos hasta ese momento y la gente acampa semidesnuda en las eras y los llanos al calor de las hogueras y pertrechados con algunas mantas. Los testigos relatan angustiados cómo se oyen los alaridos de los sepultados y del ruido que provoca el desplome de la iglesia que acaba aplastando  las casas colindantes. Nos refieren también de las heridas que sufren varias parejas de novios que se encontraban en ese instante “pelando la pava” y que fueron también muchos los vecinos aplastados en las inmediaciones de las chimeneas. Ese mismo día se corrobora desde Dúrcal el hundimiento de muchas casas, y que la iglesia presenta muchas grietas y sus arcos están desprendidos. La Venta del Álamo o el Ventorrillo del Pijo se hunden, muchos sillares del puente descansan sobre el lecho del río y se han abierto profundas grietas en el paraje conocido como Fuente del Mono. En Restábal son 8 las casas hundidas: en una de ellas que se estaban celebrando unos desposorios, la chimenea mata al padre del novio y este resulta herido al ir a socorrerlo. La población se traslada a las eras ante el temor de nuevos derrumbes. Se tienen las primeras noticias de Arenas del Rey, donde la destrucción del pueblo es total y ya se han extraído 40 cadáveres de entre los escombros, solicitándose ayuda inmediata. De Chite se nos comunica que la caída un muro aplastó a cuatro jóvenes mientras cantaban por las calles y solo uno se salvó del aplastamiento. A estas alturas ya se contabilizan en Alhama un ciento de decesos, en tanto que sigue el rescate de más víctimas en medio de un gran temporal de lluvia y se solicitan tiendas de campaña para el refugio de los vecinos. En Murchas son ya 8 los fallecidos y muchos los heridos, al igual que en Zafarraya. En Loja, en dos cortijos hallan 3 muertos y también aparecen reses y cerdos inertes, en tanto que en Albuñuelas se registran ya 300 óbitos. De Salar sabemos de la existencia de muchos heridos en estos primeros momentos, la iglesia está cuarteada y su torre amenaza con derrumbarse; así mismo está casi todo en ruinas el palacio de los marqueses y el acueducto, inutilizado. Se estima que unas 72 familias han quedado en la miseria y  desamparado el vecindario ante el azote del temporal de lluvia y nieve reinante.
El día 29 desde Jayena se critica duramente al Gobernador y a la Diputación Provincial por el desconocimiento de estos de la magnitud del siniestro y tachan de pírricas las 1.000 pesetas aprobadas para socorrer a este municipio. En ese momento declaran que sólo 10 edificios permanecen en pié y que la gente sigue en las eras sin alimentos y para poder guarecerse del frío, improvisa barracas con maderas provenientes de las casas hundidas.; además el médico no da abasto a atender a los heridos y no se dispone ni de medicinas ni material sanitario alguno. Por otro lado, se observan grietas en el cauce del río que quedado seco y se dice que las imágenes han sido trasladadas a una ermita. En Alhama ya se puede ver en este día que la gravedad del suceso es mayor de lo estimado en principio: ya son más de 120 los muertos, 1/3 de los hogares están destruidos y los otros 2/3 en mal estado. En tal situación, las autoridades deciden evacuar a las monjas y los presos de la cárcel. Curiosa fue la actitud de los jornaleros, que se negaron a extraer cadáveres y esta postura impulsó al ayuntamiento a emitir un bando para obligarlos a ello. Además la destrucción de los molinos agrava la sensación y el temor al hambre. Para el día 4 el número de fallecidos se eleva a163, aunque se sabe a ciencia cierta que hay más entre los escombros, se estiman en 200 los heridos, 40 de ellos graves y unos 400 contusionados.
 Llamativo es el comportamiento solidario de los habitantes de Talará: ante la petición de ayuda por parte del alcalde de la vecina localidad de Murchas, todos sus habitantes acuden de inmediato y en pocas horas rescatan a todos los que permanecían con vida entre los escombros y también 8 cadáveres, para seguidamente llevarse a todos los supervivientes de Murchas y los animales hacia Talará.
El terremoto en La Alpujarra de Granada.
En nuestra comarca, lo primero que se sabe del devastador terremoto se debe a una escueta noticia procedente de Órgiva y publicada el día 27 por El Defensor en la que se comunica que en dicha localidad se había sentido el día 25 una brusca sacudida, agrietando varias casas aunque no hubo que lamentar víctimas.
Albuñol fue afectado de forma similar a como sucede en otros lugares de la comarca. Una vez que, a media mañana del día 26, se constata la no existencia de víctimas, son avisados los molineros de las ramblas para atajar el gran caudal de agua que llegaba al pueblo al haberse abierto una grieta de grandes dimensiones al este de la población. Al terremoto le siguieron las lluvias según se desprende del comunicado del día 1 de enero. Con el paso de los días, el caudal de la Rambla de Aldayar sigue creciendo debido a los grandes agujeros en el cauce que expulsan agua de forma violenta. Según la información del día 15, siguen las temperaturas gélidas, registrándose ese día hasta 6º bajo cero, llegando la nieve el 17 hasta la misma playa, y tampoco remiten los temblores. La pérdida de las cosechas de caña y de almendras viene a agravar sobremanera la situación de una zona ya bastante castigada desde 1883 por la propagación de la filoxera. Sin embargo, el caudal de las ramblas comienza a mermar de forma notable.
En Almegíjar se saca el primer día del año 1885 la imagen del Santo Cristo de la Salud en acción de gracias por no haber ocurrido allí ninguna desgracia humana, aunque sí se produjeron daños materiales.
Bérchules: Las sacudidas son permanentes desde el 25, una de las iglesias amanece con el arco toral partido, al igual que la bóveda que se apoyaba en él y que cubre el tabernáculo; el resto del edificio presenta los muros grieteados y la cornisa caída. Ante tal panorama se toma la decisión de desalojar las imágenes y demás objetos de culto, y los oficios religiosos son celebrados en un altar levantado provisionalmente cerca de la puerta, mientras la gente participa desde la calle. La otra iglesia y las escuelas permanecen cerradas por la autoridad municipal, pues se ven sus muros muy inclinados y amenazan derrumbe. Hay 6 ó 7 casas hundidas y muchos desprendimientos parciales, por consiguiente se cursa la orden de desalojar 40 viviendas. En el campo: un cortijo se hunde, los frutos se pierden en su totalidad y la demanda de trabajo es nula.
De Busquístar se da cuenta el día 4 de enero de que la gente sigue sin volver a sus domicilios pese al gran frío reinante y, aunque los edificios han sufrido daños visibles, no hay víctimas personales. A mediados de enero se confirma la caída de muchas casas y el estado ruinoso de otras, la torre de la iglesia está cuarteada y el entabacado de la bóveda despegado del muro.
En una crónica remitida desde Cádiar el día 26 se relata que, momentos antes de las nueve de la noche, durante la cena de Navidad, se siente un enorme terremoto, con estrepitoso ruido y violentas sacudidas, amenazando con echar por tierra los edificios durante ¿”un minuto”? Como consecuencia de esto, se desprendieron piedras de las fachadas de algunas casas y el pueblo salió despavorido a la calle por temor a verse sepultado dentro de las viviendas. Acto seguido se enciende una gran hoguera en la plaza, cuyo calor no llega a toda la concurrencia y, ante la inclemencia climatológica, algunos deciden volverse a sus hogares al abrigo de la chimenea. Pese a las tres réplicas posteriores, no hubo que lamentar víctimas. Los antiguos del lugar declararon que no habían conocido nada similar. Por su parte, el alcalde, Antonio Alcalá Santiago, y el comandante de puesto de la Guardia Civil inspeccionaron la villa instantes después, reflejando que el daño más grave había sido el hundimiento de la chimenea de la vivienda del que fuese alcalde del lugar, José María Tarifa López.
El día 29 se siente un nuevo temblor en esta localidad precedido de gran ruido subterráneo. El alcalde exhorta a sus convecinos a llevar a cabo una función religiosa con rogativas a su patrón San Blas el día 1 de enero, para lo cual se ponen sobre sus andas las imágenes de Jesús, la Virgen de los Dolores y del Santo Cristo de la Salud: dicho día, por la tarde, se celebra la anunciada procesión con gran asistencia de los cadiarenses. Mientras, el corresponsal del diario al que nos venimos refiriendo, proyecta para el día 4 de enero la actuación de  una estudiantina con tal de recaudar fondos para las víctimas del terremoto en la provincia, celebrándose por ellas funerales en la parroquia al día siguiente. La limosna recaudada a petición del cura y del ayuntamiento se estimó en unos 1.406 reales y la estudiantina consiguió 107´62 pesetas; hacia el 20 de enero la escuela de niñas había reunido 9´25 pesetas y 6´25 la de niños. El mismo día 5 de enero hacia las 12h tuvo lugar otro gran temblor, seguido de varias replicas en torno a las 17´30 que hicieron  precipitarse al campo de nuevo a la gente.
En Cáñar la torre de la iglesia se partió a causa de una grieta y quedó inclinada hacia el oeste. El día 3 se dice que la tierra continúa temblando y que un anciano fue rescatado de su vivienda, si bien sólo padece una contusión. Se celebran rosarios pidiendo por las víctimas y procesiones en acción de gracias por librarse del peligro. Se nota aumento de caudal en algunos nacimientos de agua y disminución en otros.
La de Capileira presenta un estado lamentable después de las oscilaciones, pues, por la información del día 27, ha perdido la cornisa y parte del tejado de la fachada principal, está toda grieteada y se desprenden trozos de la bóveda con el consiguiente peligro. A ello se suma la lluvia que amenaza con provocar nuevos hundimientos. Aquí hay constancia de al menos una víctima personal.
De Lanjarón, puerta de entrada a las Alpujarras, la crónica del día 28 se hace eco de que el día 25, hacia las nueve y cuarto de la noche y durante 15 ó 16 segundos, la tierra tembló de forma estrepitosa, saliendo el pueblo a toda prisa a la calle. Habla de seis réplicas en una hora con ruido subterráneo y un fuerte olor a azufre, también se anota el recelo del personal y los daños sufridos por viviendas y el templo; las cañerías quedaron rotas y se carecía, por consiguiente, de agua potable. El edificio en construcción del balneario estaba casi destruido en su totalidad y el montante de su reparación se estima en unas 100.000 pesetas. En agradecimiento a no haber tenido que lamentar la pérdida de ninguna vida humana, sus habitantes hacen voto público a todos los santos.
En Lújar el gran número de réplicas desde el 25 no ha supuesto ninguna pérdida de vidas humanas, pero sí se celebran funciones religiosas de rogativas y acción de gracias.
Ferreirola se vio así mismo afectada por el sismo de Navidad, destacándose en el relato periodístico la actuación del Secretario local que, en compañía de sus hijos, salvaron a varias personas en peligro. El vecindario, alarmado por las réplicas, tras orar a las puertas de la iglesia, abandona el lugar. El día de Año Nuevo saldrá en procesión la Santa Cruz, realizándose donativos a la misma para comprar lámparas para esa iglesia y la de su anejo, cuya torre se nos dice que está desnivelada, pero no ofrece peligro; se anotan además la existencia de muchas casas agrietadas y unas pocas hundidas parcialmente.
En Mecina Fondales declaran que la población sigue el día 26 aún presa del pánico tras la fuerte sacudida de la jornada anterior.  Muchos hogares se han hundido y ante la inseguridad que ofrecen las viviendas que todavía permanecen en pie, la gente decide pasar la noche del terremoto en la calle; se celebra un oficio religioso en la iglesia para implorar la misericordia divina, a pesar de que la torre estaba cuarteada, negándose por eso el sacristán a repicar las campanas.
Tras las nuevas sacudidas del día 5, sólo quedaba ya una docena de casas seguras en pie y la gente huye de nuevo al campo dejando el pueblo desvalido,  razón por la que el alcalde y sus colaboradores deciden vigilar el caserío a fin de evitar saqueos en él. El pánico reina incluso en las chozas y los vecinos ven cómo las casas se desmoronan poco a poco. Además se interrumpen todas las actividades escolares así como las labores del campo y la emigración se postula como única salida en el horizonte si no cesa el temporal y los seismos  o no llega con premura la ayuda de las administraciones.
 En Fondales, su anejo, las casas están igualmente ruinosas.
También de Mecina Bombarón se informa el 26 de diciembre del temblor registrado el 25, que trajo como consecuencia inmediata  la caída de una casa en el barrio de Algaidar y el resquebrajamiento de otras seis en otros enclaves de la población, presentando grietas alrededor de cincuenta, debido al corrimiento del terreno. El terremoto del día 5 de enero vuelve a sembrar la incertidumbre en la población y agrava aún más el mal estado de las viviendas. Ese día cayeron varias piezas de los retablos de la iglesia, entre ellos una columna del de la Virgen de los dolores, viéndose también afectado el arco toral, los tirantes y muros. Se derrumban nuevos edificios, muchos animales perecen en sus cuadras o establos, pierde caudal la fuente principal de la carretera y se anegan las acequias. El párroco promueve la formación de una comisión para recaudar fondos y solidarizarse con los pueblos más afectados. Esta cuestación consigue reunir 2128 reales y son remitidas a partes iguales al Gobernador y al arzobispo. A finales de mes la situación se agrava pues hay 50 casas a punto de caerse y prosigue el frio y las nevadas, amén de encontrarse las personas jornaleros sin faena. En torno al 20 de febrero las autoridades locales ordenan el desalojo de manzanas enteras de casas ante la inminente ruina: en varios puntos del pueblo se han abierto grietas de hasta dos metros de anchura y de gran profundidad, al tiempo que el terreno se sigue deslizando por las corrientes de agua tanto superficiales como subterráneas, temiéndose que pase lo mismo que en Güevéjar.
Gracias al comunicado del 27, sabemos de Murtas que la intranquilidad se apodera del vecindario y, sobre todo, del estupor de los ancianos ante el suceso. No hubo fallecidos, aunque sí varias viviendas quebrantadas, y llueve y nieva sin parar desde entonces.
En Narila el día 7 de enero siguen acampados los vecinos al aire libre. Ante los desperfectos en las viviendas y la negativa de los vecinos a volver a ellas, Ricardo Reinoso acoge a varias familias en la suya y ordena construir chozas en un huerto de su propiedad.
De Nechite nos comunican que se han agrietado todas las casas y que hay alteraciones de los cauces en Mecina Alfahar donde se han notado así mismo gases malolientes.
Órgiva: Ampliando la información inicial, por la crónica enviada desde esta localidad el día 28, conocemos que justo después del gran temblor del 25, los vecinos se concentran en la puerta de la iglesia que es abierta para el rezo del Rosario y se suplica al Cristo de la Expiración, en tanto que se decide celebrar una función de gracias para el día1. Algunas personas aseguraron haber visto una gran luz o globo de fuego que, partiendo de Sierra de Lújar, se dirigía a Sierra Nevada. El 7 de enero se afirma que en este lugar no logran el sosiego desde el 25 del pasado mes, pues se han caído 11 casas, 7 de ellas después del terremoto del la víspera de Reyes, y la iglesia sufre importantes desperfectos; dos ancianos pierden la vida presos del miedo. A un comerciante de vinos y licores se le hunde el techo de su establecimiento y pierde unas 200 pesetas en género, aunque le dio tiempo a abandonar el local junto con los clientes que en él se encontraban. El día 12 se comunica que el ayuntamiento y la cárcel, que ya se hundieron en 1881 están en mal estado y se tienen que desalojar la secretaría, el archivo y el salón de plenos, pasando los presos a ser realojados en dos dependencias de la planta  baja del inmueble. Algunos vecinos declaran que han creído observar retrasos en la salida y puesta del sol, concluyendo que las montañas cercanas han elevado su altitud, en especial la Sierra de la Contraviesa. Los frecuentes temblores han hecho aflorar más grietas en el terreno.
En Pampaneira la noche del 25 de diciembre el terremoto sacó a todos de sus hogares y fueron a refugiarse y rezar en el templo, pero una nueva sacudida les obliga a salir y pasar la noche en las eras. Mientras llega el nuevo día para evaluar los daños, deciden rezar el Rosario. También sabemos de la disminución del caudal de las fuentes,  brotando algunas de ellas muy turbias.
En Pitres se habla también de grandes estragos en casi todo el caserío, durmiendo sus inquilinos a la intemperie, en tanto que la torre de la iglesia amenaza con desplomarse. Se suceden los actos religiosos a la Virgen del Rosario y San Roque, mientras el rezo del rosario tiene lugar todas las noches por las calles desde el comienzo de los temblores. El pavor sigue reinando entre los vecinos pues los temblores no cesan y la falta de recursos y trabajo domina sus pensamientos. En una carta del 6 de febrero se expone que el día uno de dicho mes se hundieron 2 casas que estaban resentidas a causa de los terremotos, pero no han ocurrido desgracias. Desde el 25 de enero no han cesado las oscilaciones y los temporales de nieve que no cesan, preludian más derrumbamientos de edificios. Mientras tanto, todos los vecinos, ayudados por el cura y el alcalde, se afanan en rescatar todos los enseres posibles de los escombros. A finales de febrero, los terremotos, la lluvia, la nieve y las heladas han arrasado con lo poco que quedaba vivo en el campo tras epidemia de oruga del año anterior; el desplome de cámaras, trojes o graneros, por los temblores o por la carga de nieve soportada, han sepultado el poco grano que quedaba para abastecerse, con lo que se teme al hambre de continuar así el panorama.
De Polopos sabemos que en dicho pueblo hubo varias desgracias ya que el secretario del ayuntamiento resultó herido y hubo 12 casas hundidas, que dando sepultada una anciana en una de ellas.
En Pórtugos, donde ya se había denunciado el mal estado de conservación del templo tras los terremotos del 25 de diciembre y del 5 de enero, se teme su desplome total.
Rubite notó acusadamente el terremoto del 25que acabó causando graves daños a la iglesia, la casa consistorial y algunas viviendas, así como también hubo que lamentar pérdidas de animales y enseres, pero sin víctimas personales. Tampoco aquí se olvidaron de implorar a lo divino.  En una carta de fecha 24 de enero, Antonio Vázquez López contaba que los temblores no habían cesado por entonces y que la alarma en el pueblo era constante. Continúa diciendo que ese día había habido otra sacudida de regular intensidad y de dos segundos de duración. En las casas siguen apareciendo grietas y otros desperfectos, teniendo miedo sus moradores de albergarse en ellas; el estado del templo es aún peor pues la torre está toda agrietada y en la cúpula del altar mayor se habían abierto rajas anchas y largas, amenazando con caerse. Además agrega que la situación es penosa no sólo en Rubite, sino en toda la comarca, ya que las viñas fueron devastadas por la filoxera y la tormenta de septiembre de 1884 acabó con las cosechas antes de su recolección. A esto hay que unir la angustia de unos labradores asfixiados por los tributos, especialmente por el impuesto de Consumos, que sigue gravándolos como si las tierras estuviesen a pleno rendimiento. Acaba proponiendo este vecino la reanudación de los trabajos en la carretera de Tablate-Albuñol como medida urgente para reactivar la economía local y paliar mínimamente la situación actual de la comarca. En febrero, tras visitar una comisión el pueblo para evaluar los daños, se hundieron 6 casas dañadas por los terremotos, en tanto que existen alrededor de 40 cuya situación es límite, al incidir negativamente en ellas el inacabable temporal que aumenta, aún más si cabe, la carestía de alimentos y la miseria de los pobladores.
En Soportújar tampoco se produjeron desgracias personales, pero sí que se tuvo mucho miedo, a tenor de la información que nos llega el 7 de enero de 1885. También en este caso los vecinos resuelven irse al campo ante los continuos temblores, buscando cobijo en chozas provisionales. Muchos edificios del pueblo presentan un aspecto ruinoso y amenazan con derrumbarse, las faenas del campo quedan suspendidas y se realizan procesiones de rogativa por ellos y por los pueblos más afectados en la provincia. De nuevo, el día nueve, otro temblor siembra la zozobra entre los habitantes del lugar y se repiten las mismas reacciones. A finales de febrero los continuos temblores y la duración del temporal de nieve propician el aumento de desperfectos, siguen paralizadas las labores del campo y peligra la próxima cosecha por los daños causados en los predios o por no poder sembrar a tiempo. Los cauces de agua disminuyen su caudal y presentan turbidez.
El día 6 se procesiona en Sorvilán a la Virgen, San José y San Cayetano por haberles librado de los terremotos y se abre una suscripción a favor de las víctimas que llevaba recaudado hasta ese instante 80 pesetas.
Torvizcón supone un caso curioso pues, aunque los expertos hablan de que el terremoto de diciembre se sintió allí con gran intensidad, no se tiene noticia alguna sobre daños o desperfectos, y lo único que se reclama desde este lugar es la construcción de un ramal que conecte el pueblo con la carretera de Tablate-Albuñol.
En Trevélez, coincidiendo con una fuerte nevada, no hubo que lamentar víctimas, pero el pueblo, temeroso, acampa en las eras después de limpiarlas de nieve que alcanzaba casi el metro de espesor. Como en la mayoría de los lugares en tales circunstancias, se acude a lo sagrado en busca de protección y, por eso, el día 26 el párroco de la localidad, Velasco y Molina, organiza una función de acción de gracias, proyectando otra en días venideros a San Antonio, patrón del lugar. En febrero se sigue con la adversidad climática, lo que deriva en enfermedades respiratorias, en parte debido a que gran parte del vecindario no ha regresado a sus hogares y sigue cobijándose en improvisadas chozas. Para estas fechas se llevan reunidos 600reales y 6 fanegas de trigo para las víctimas que han sido convenientemente enviadas al Gobernador y al arzobispo en la misma proporción.
La población de Turón también sintió la sacudida el día de Navidad en torno a las 21´15h, la cual es comparada con una estampida de miles de cabezas de ganado, y el sonido de las campanas, como si anunciasen el fin del mundo. Poco después comienza una lluvia pertinaz que dura varias jornadas. Sentidos también los terremotos del 3 y 5 de enero, se celebran varias funciones religiosas, entre ellas una misa de réquiem por las víctimas y en una colecta se recaudan 2.061 reales.
Por una carta del corresponsal de Ugíjar, publicada el día 14, conocemos de la caída de varias casas el mismo día 25 de diciembre y de otras que precisan ser derribadas, sufriendo la iglesia desperfectos. Tras el temblor del día 5 de enero el miedo se hace más evidente entre la población y muchos vecinos deciden pasar las noches en el campo aun con las bajas temperaturas que se registran. Se promueven funciones religiosas en las que se invita a la caridad a unos vecinos que ya de por sí vivían en acusada pobreza.
Evaluación de los daños y ayudas.
Como ya se ha avanzado, El Defensor de Granada comienza a publicar noticias sobre el terremoto al día siguiente de producirse este, pero no es hasta el 27 cuando se conoce realmente la gravedad de los hechos. El director de este periódico hace una llamada solicitando ayuda al Gobierno Central, autoridades provinciales, prensa nacional y abre una suscripción a través de su diario con tal de recaudar fondos para las víctimas de forma inmediata y poder llevarlos a los damnificados a la mayor brevedad posible. Él mismo en persona inicia una visita a los pueblos más castigados el primer día de enero de 1885 y hace entrega de las primeras ayudas procedentes de las donaciones a su periódico; los viajes de este comprometido intelectual a las zonas afectadas fueron numerosos y se prolongaron hasta finales del mes de marzo. En jornadas sucesivas se van distribuyendo entre los afectados víveres, ropa, tiendas de campaña, etc, tal como se puede ver en las ediciones de dicho medio: por ejemplo, los primeros auxilios no llegan a Alhama hasta el día 4 de enero, lo que provoca un profundo malestar entre las autoridades, vecinos y personal sanitario, sobre todo hacia las figuras del Gobernador y el Capitán General de la región por no mandar socorros hasta que no hubieron recibido órdenes de Madrid, por lo que el material que se necesitaba fue llegando al principio de forma más pausada de lo que la gravedad del asunto requería; ya a comienzos de Febrero, podemos observar en el Boletín Oficial de la Provincia cómo las ayudas suministradas por el Gobierno Civil tienen una mayor fluidez. El gobernador de Granada ordenó a los alcaldes de los pueblos de la provincia que informasen a diario sobre los daños y que elaborasen  listas de víctimas, supervivientes y de las necesidades que les urgían. La Diputación Provincial también va a nombrar una Comisión Provincial y llega a enviar hasta ocho delegaciones a los pueblos a fin de tener un conocimiento exhaustivo de los daños causados por el temblor. Así mismo se van a instalar los llamados Hospitales de Sangre en Alhama, Padul y Arenas del Rey.
Mientras tanto, en los pueblos, son los propios vecinos  quienes llevan a cabo en primera persona el rescate y atención a sus paisanos y, para coordinar mejor las acciones y decisiones que se tienen que tomar, se forman las Juntas Locales de Socorros que estaban conformadas por el alcalde y otras autoridades locales, el párroco, el médico y el síndico de cada municipio, así como por los mayores contribuyentes. Entre sus tareas estaba la de distribuir los socorros según las necesidades de los vecinos.
La primera reacción al conocer la noticia fue de incredulidad, en especial en Madrid. La prensa de la capital de España creyó en un principio, echando mano del tópico, que se trataba de una exageración propia de andaluces. Cuando se percataron todos de la verdadera magnitud de la tragedia, enseguida se articula una campaña de solidaridad casi sin precedentes. En Andalucía y el resto del país se recogieron fondos, comida y enseres para socorrer a los afectados. El Gobierno, mediante suscripción recaudó 6.524.492´5 pesetas y el Defensor llevaba recaudado a finales de marzo 49.533 pesetas. Colaboradores destacados con esta cuestación solidaria fueron El diario madrileño El Imparcial, El Círculo de la Unión Mercantil de Madrid, el Instituto de Fomento del Trabajo de Barcelona o las distintas comisiones de Auxilios de México, Uruguay  o Cuba. Así la ciudad de Barcelona envió 157.925 pesetas y 274.530´35 el Instituto de Fomento del Trabajo Nacional: con este último donativo se construyeron 70 viviendas en Arenas y se ayudó a pueblos como Játar, Jayena o Murchas. Cantidades importantes también llegaron de países extranjeros como Alemania, argentina o Inglaterra. El Papa León XIII dona 40.000 pesetas y, gracias a la Sociedad Benéfica Andaluza en La Habana y El Casino Español, se reconstruyeron Canillas de Aceituno en Málaga y El lugar denominado Ventas de Zafarraya, al que se quiso denominar Nueva Habana por la generosidad demostrada por la capital cubana: de hecho en algunos diarios granadinos de finales de siglo se le llama así, pero a posteriori se quedó con el nombre primitivo.
Alfonso XII visita la zona siniestrada entre el 10 y el 20 de enero: de las arcas de la Corona hasta el 27 de febrero, según refleja la Gaceta de Madrid, se habían aportado 145.675 pesetas en total para distribuirlas entre los pueblos de Granada y Málaga. Poblaciones como la de Alhama recibieron de esta institución 33.075 pts, 14.237´50 Albuñuelas, Vélez- Málaga 21.800 ó 6.650 Periana.
Uno de los problemas más acuciantes era el poder dar cobijo a los desvalidos ciudadanos entre tanto se construían las nuevas viviendas o se reparaban las antiguas, máxime cuando  las gentes acampaban a la intemperie y la climatología estaba contribuyendo a aumentar el número de decesos. Para solventarlo se construyeron un total de 698 casetas de madera para toda la provincia de Granada.
Para llevar a cabo la reconstrucción de los pueblos dañados por el terremoto el 13 de abril de 1885 se crea una Comisaría Regia, al frente de la que se va a situar a Fermín Lasala, cuyo cometido será el de controlar el proceso de reedificación y supervisar el uso adecuado de los fondos obtenidos para socorrer a las víctimas. Dicha Comisaría Regia determinó que sufragaría hasta un máximo del 75% de la tasación realizada para la rehabilitación o reconstrucción de los edificios con los recursos obtenidos de la suscripción nacional, adelantando un 50 % del coste estimado para cada vivienda y el monto restante al finalizar la obra, tras el oportuno peritaje. Los auxilios concedidos a los vecinos de los pueblos se hicieron en función de la contribución que pagaban los edificios afectados: un 60% para los que pagaban entre 25 y 50 pesetas, el 45% para los que satisfacían entre 50 y 75, y un 30%  a los que tributaban entre 75 y 600 pesetas. Este modelo de distribución de los socorros va a propiciar que se dispare la picaresca, declarándose valores irreales de muchas de las viviendas en las solicitudes. Por eso, muchas de las mismas acaban siendo denegadas al descubrirse el intento de fraude.
A tenor de la memoria elaborada por el Comisario Regio, el número de solicitudes presentadas fue de 18.446, de las cuales fueron atendidas 16.002 y 2.444 rechazadas por diversos motivos, siendo 12.345 el total de personas que percibieron la ayuda económica a través de este organismo y cuyo gasto en dichos menesteres fue de 2.414.675´25 pesetas. La construcción y reparación de las viviendas será una ardua tarea que se va prolongar durante hasta finales de verano de 1887. Esta Comisaría Regia se encargó de la reconstrucción de los lugares de Alhama, Periana, Arenas, Zafarraya, Güevéjar y Albuñuelas. Gran aportación a la reconstrucción de Arenas del Rey y Játar se debió al Instituto de Fomento del Trabajo Nacional de Barcelona; Chite, Melegís y Restábal fueron ayudados por la misma entidad de Bilbao; Murchas por la Diputación Provincial de Granada, el Gobierno Civil y el Arzobispado, mientras Santa Cruz de Alhama fue socorrida por el Círculo de la Unión Mercantil de Madrid, de ahí que pasara a llamarse Santa Cruz del Comercio.
Los socorros a La Alpujarra
Den los 104 pueblos malagueños o granadinos que solicitaron ayudas para rehabilitar inmuebles destruidos o afectados por el terremoto, fueron auxiliados 101, quedando fuera de dichos socorros tan sólo tres pueblos de la Alpujarra. El montante total tasado por la Comisaría para ayudar los pueblos de esta comarca fue de 92.743´82 pesetas, de las cuales sólo fueron sufragadas 46.601´87 para los vecinos de Bayacas, Cáñar, Capileira, Mecina Fondales, Órgiva y Soportújar. Para la restauración de los templos se contó con una partida liberada por el Ministerio de Gracia y Justicia que ascendía a 517.545 pesetas. Por la memoria elaborada por el Comisario Regio sabemos también que en 1885 estaban acometiéndose reformas en los de Carataunas, Cojáyar y Mairena; a comienzos de 1889 se liberan más de 30.000 pesetas para el arreglo de la iglesia de Mecina Bombarón.
Pueblos
Nº Solicitudes
Cuantía  Aprobada
Cuantía Entregada
Diferencia
Bayacas
52
12.257´60
9.953´90
2.304´70
Cáñar
81
25.546´99
24.760´39
786´60
Capileira
20
2.700
2.274´50
425´50
Carataunas
41
8.084´45
0
8.084´45
Mecina Fondales
25
5.153´01
3.674´45
1.478´56
Órgiva
6
4.324´54
2.995´88
1.328´66
Pampaneira
88
17.195´55
0
17.195´55
Rubite
50
11.914´88
0
11.914´88
Soportújar
18
5.566´80
2942´75
2.624´05
TOTALES
381
92.743´82
46.601´87
46.141´95
Fuente: “Memoria del Comisario Regio…”  Elaboración propia.
El número solicitudes no satisfechas en La Alpujarra, pese a su aprobación inicial suponen más de la mitad de las 381presentadas y cuya cuantía asciende a un 49´75% de lo concertado con los pueblos alpujarreños. Entre los motivos esgrimidos por no haber satisfecho íntegramente las cantidades solicitadas, a parte del la alteración del valor catastral por parte de algunos vecinos, están también: la caducidad de los vales emitidos por canjearlos fuera de tiempo o el incumplimiento de los requisitos. Pero también hubo individuos que, aun habiéndoles sido concedidas las ayudas, las recibieron con retraso o ni siquiera llegaron: este es el caso de un vecino de Cáñar que resultó herido en el terremoto y falleció a los ocho meses del mismo y, aun siendo beneficiario de los socorros de la Comisaría Regia, en agosto de 1886, su familia seguía reclamando la ayuda concedida.
 Como se puede observar, tres fueron los municipios alpujarreños que no percibieron absolutamente nada, pese a que, en principio tenían aprobadas las cantidades solicitadas. Desconocemos los motivos por los que fueron anulados dichos vales en Carataunas y Pampaneira; bien diferente es el caso del pueblo de Rubite. En dicho lugar, según el informe elaborado por el Defensor de Granada, el número de casas existentes en ese momento en el núcleo principal eran unas 200: 6 fueron destruidas por completo por el terremoto, 30 quedaron inhabitables y también fueron arrasados el edificio del pósito y el del ayuntamiento. A esto hay que añadir la pérdida en ajuares, pertrechos y utensilios. La tasación en pérdidas estimadas por este diario ascendería a 32.635 pesetas. Por su parte, la Comisaría Regia aprobó en su momento la cantidad de 11.914´88 pesetas. El porqué no fueron satisfechas resulta bastante difícil de comprender, por no decir rocambolesco, tal y como denunciaba Francisco Antequera en una larga y dura queja en marzo de 1889, casi cinco años después del suceso, y que reproducimos buena parte de ella a continuación:
            “…En efecto, señor Director: en la época de los terremotos á que nos referimos, la comisión designada para reconocer los perjuicios y desperfectos ocasionados por aquellos, se dignó visitar también á Rubite, encontrando como no podía menos de suceder, que era desgraciadamente una triste verdad cuanto se había descrito; y por consecuencia de que era verdaderamente justísimo y bien fundado cuanto se solicitaba. Hiciéronse pues las oportunas investigaciones: tomáronse los datos debidos; y á su debido tiempo también la Comisaría Regia libró discretamente una proporcionada cantidad para remediar los estragos. Desígnanse los propietarios perjudicados. Hácese la distribución: publícase oficialmente;  y cuando estos humildes habitantes esperaban ansiosos el momento deseado, ven con sorpresa indescriptible venir la Comisión con el dinero, en ocasión en que faltaban precisamente las autoridades civil y eclesiástica, y marchándose después de unos cuantos minutos, alegando para ello la falta de dichas autoridades y asegurando su vuelta dentro de los tres días siguientes.
Pasó el tiempo señalado; sufrió el desdichado pueblo el primer desengaño: Hiciéronse reclamaciones que desoyeron: dirigiéronse solicitudes que despreciaron: se apeló á las súplicas y á los ruegos. Todo en vano. ¿Y el resultado? Consecuencia lógica también de tan enojoso comportamiento. Vedlo sinó, en multitud de pobres desvalidos refugiándose en la morada del vecino compasivo, temeroso de que un hundimiento viniera á sepultarlo en el mísero rincón donde antes se reclinaba. Otros, que maldicientes y desesperados pasan el tiempo haciendo falsos apuntalamientos, no más para entretener de algún modo la ruina que les amenaza; y lo que es más doloroso aún, sangre que ha costado ya el desprendimiento de algunos pedazos de pared donde se abrieron grietas enormes que sus dueños en su mísera escasez no pudieron tapar(…)
¿Que no hay dinero decís? ¿Que se han acabado los fondos que había destinados á tan laudables fines? ¿Que es tarde ya para suspirar por lo que legítimamente corresponde á este desdichado pueblo? Preguntad á Mecina Bombarón cuántos días hace que le entregaron sus treinta mil y pico de pesetas para reparo de su iglesia…”
Pero la cosa no quedó ahí. Lo peor estaba por venir. Según relataba el juez de dicho pueblo, Antonio  Vázquez, quien también había sido médico del mismo durante muchos años, el temporal de lluvia que se desencadena a partir del 18 de febrero de 1892 y que se prolonga durante un mes, aparte de impedir el desarrollo de las tareas cotidianas en el campo, dejó a este apenas sin cubierta. Además de ratificar lo anteriormente expresado, certifica que las casas dañadas por aquel entonces ya no pudieron aguantar más, y que, en concreto, entre el 7 y 9 de marzo se vinieron abajo más de 60 viviendas, por lo que hubo que rescatar a varias familias, si bien no se tuvieron que lamentar víctimas mortales. Ante tal situación el pueblo permaneció refugiado en la iglesia hasta que no cesó el temporal.
Tan sólo 5 ó 6 víctimas mortales constatadas en toda la comarca: nada comparable con lo sucedido en El Temple, El Valle de Lecrín o La Axarquía, pero ante semejante ruina, como casi siempre, el abandono por respuesta. Como, por desgracia, se exclamaba en los medios escritos provinciales de la época más de una vez:

                                   ¡POBRE ALPUJARRA!                



Fuentes y bibliografía
Archivo de la Diputación de Granada:
-Boletín Oficial de la Provincia de Granada: diciembre 1884, nº: 298; enero 1885, nº Extraordinario del día 5; Febrero 1885, nº: 27, 28, 29, 31, 32, 33, y 34.
Correo de Sevilla:
- Nº 100 de 12 de septiembre de 1804.
Defensor de Granada:
-Números  1531 – 1612(del  26 de diciembre de 1884  hasta el 31 de marzo de 1885).
El Faro:
- Francisco- Fermín Jiménez. “TERREMOTOS…qué Pascua la de aquel año 1884”, 13 de enero de 1987.
 -Memoria del Comisario Regio. . . para la reedificación de los pueblos destruidos por los terremotos de Málaga y Granada. Imprenta de Manuel Minuesa de los Ríos. Madrid. 1888.
-Burgos Madroñero, M., “Portugal y Andalucía: los terremotos de Málaga y Granada (1884-1885). Jábega, 49. Diputación provincial de Málaga.1985.
-Casiano del Prado. Los terremotos de la provincia de Almería, 1863.
- Espinar Moreno, Manuel. “Los estudios de sismicidad histórica en Andalucía .Los terremotos históricos de la provincia de Almería”, en El estudio de los terremotos en Almería, 1994.
-Galbis Rodríguez, José. Catálogo sísmico de la zona comprendida entre los meridianos 5º E y 20ºW de Greewich y los paralelos 45º y 25N. Vol. I. Madrid, 1932.
-Guerrero Montero, Francisco Miguel.  “Terremotos y desastres naturales en la provincia de Almería en el siglo XIX”. Farua, 8, 2005.
- Ponce Molina, Pedro. “El terremoto de Dalías de 1804. Espacio y Sociedad”. Farua, 8, 2005.
-Martínez Solares, José M y Olivera Serrano, César. Sismicidad Histórica del Reino de Granada (1487-1531). Instituto Geográfico Nacional, 1995.
- Romero Castillo, Manuel. “El terremoto de Andalucía en 1884 en el suroeste granadino”. Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, 21, 2008, 207-235.
-Sánchez- Navarro Neumann. Lista de los terremotos más notables de la Península Ibérica, 1921.
- Vidal Sánchez, F. Sismotectónica de las Regiones Béticas - Mar de Alborán. Tesis Doctoral. Granada 1986.
-Vidal Sánchez, F.  El Terremoto de Alhama de Granada de 1884 y su impacto”. Anuari Verdaguer ,19 – 2011.